domingo, 31 de enero de 2010

2x08: Dios No Existe



Int. Oficina de prensa – 13:40 hrs.

Las luces del estudio se encienden. La periodista mira a la cámara muy concentrada mientras el logo del noticiario corre por la pantalla.

-Este es un extra noticioso, en Canal Dos –dice una voz femenina que retumba en el retorno de cada uno de los miembros del equipo.

-Buenas tardes, interrumpimos nuestras transmisiones regulares para informarles de que uno de los hechos más misteriosos que ha ocurrido en nuestro país parece estar llegando a su fin. La familia fantasma, compuesta por seis personas que desaparecieron sin dejar rastro, se comunicaron con nuestro canal de televisión dando señales de vida. Con ayuda de la policía y un moderno equipo de rastreo se logró dar con la ubicación, y ahora un grupo compuesto por unidades de rescate, policías y militares, además de nuestros periodistas, se dirigen a las lejanas montañas de Abaste, un alejado pueblo abandonado. Cualquier información en un nuevo extra noticioso. Ahora continuamos con nuestra programación regular… buenas tardes –dice Mireya Acevedo.

Int. Oficina de Policia – 13:40 hrs.

Garrido y Katherine Lobos ven con sorpresa la televisión. Él con un gran rostro de preocupación y ella con una sonrisa que no podía ocultar.

-Veo que hasta aquí llegó su plan –dice Kathy.

-Mierda –exclama para sí mismo Garrido.

Garrido corre hacia su oficina, cerrándola de un portazo. Lobos sigilosamente descuelga el teléfono para escuchar.

Int. Templo de Dios – 13:40 hrs.

Dios se encuentra en lo alto del Templo, todavía con varias lágrimas en los ojos y muy emocionado. La gente que rodeaba el cuerpo sin vida de Ester se alejaba lentamente del templo y todo parecía ir llegando a su fin. De improviso el teléfono celular vibra en su bolsillo.

-¡Luciano! ¿Por qué no me contestas la línea directa? –pregunta Garrido desde la otra línea -. No me gusta llamar a celulares, es más sospechoso.

-Estoy en una ceremonia –responde muy tranquilamente Dios-. ¿Qué pasa?

-¡¿Qué?! ¿Y quién contestó mi llamada anterior? –hace una pausa Garrido-. ¡Deben haber sido ellos! ¡Escaparon! ¡Los prisioneros escaparon y ahora un grupo de policías se dirige a Abaste! ¡Esto terminó Luciano, se terminó!

Dios queda pasmado, el teléfono celular se resbala de sus manos y choca con fuerzas el suelo. El resto de la gente que deambulaba todavía por el Templo se da vuelta a mirar a su deidad, el que da media vuelta y corre por las escaleras, totalmente ofuscado y destrozado

Int. Oficina de Policia – 13:41 hrs.

Katherine cuelga el teléfono. Junto al aparato una grabadora giraba. Presiona stop y saca el casette, guardándolo en uno de sus bolsillos.
El teléfono vuelve a sonar.

-¿Diga? –dice Katherine.

-Kathy, soy Alonso. Anota la siguiente dirección y ven, te tenemos una sorpresa.

-Que bueno, yo también te tengo una –exclama Kathy, mirando la puerta donde estaba Garrido.

Int. Subterráneo – 13:42 hrs.

Adela, todavía amenazada con el bisturí, toma asiento junto a uno de los pilares del serpenteante pasillo subterráneo. A su lado Carol lo hace de la misma forma, sin nunca dejar de amenazar a la mujer.

-Baja eso, no es necesario –dice Adela-. Estoy dispuesta a decirlo todo. ¿Sabes? Te entiendo. Entiendo que quieras salir de acá y escapar, volver a la vida normal, pero una vez que pisamos Abaste no hay vuelta atrás.

Carol queda sorprendida al escuchar esas palabras de Adela.

-¿Qué es todo esto? –pregunta Carol-. Mira, entiendo que amen la sangre, tortura y todo eso. Pero acá hay algo más.

-No sé mucho tampoco, pero acá experimentan. Crean clones y venden humanos subdesarrollados creados y modificados genéticamente a algunos grupos sádicos, tal cual como lo es Abaste. Aníbal es la mente tras todo esto –cuenta Adela-. Me enteré cuando me hice parte de los líderes, y en el fondo no te queda más aceptar y seguir el juego. O te matan.

-¿Dios sabe?

-No, está todo secretamente acá. Parte de su dinero va para las investigaciones pero él cree que es para mantener la gente viva.

-¿Y quién mierda es Dios entonces?

-Un viejo excéntrico y millonario. Luciano Delumiere. ¿No te suena?

Flashback. Estudio de Televisión de “Debate dominical” – día

El estudio es bastante simple. En uno de los sillones la animadora acomoda el micrófono y las tarjetas, mientras que los dos invitados se ponen tras unos podios. El poco público que había espera con mucha obediencia la fanfarria inicial del programa. Suena la música que da comienzo y toda la gente aplaude muy correctamente.

-Buenos días. Soy Sara Iturriaga y esto es “Debate dominical”. Esta semana tenemos dos importantes invitados, ambos empresarios, que se han visto enfrentados durante la semana en una curiosa guerra comercial. Uno de ellos es el gerente general de la empresa de productos vegateles más importantes del país, don Agustín Simons. El otro el dueño de todas las acciones de la industria carnicera más grande de todo el continente, don Luciano Delumiere. Bienvenidos ambos.

Int. Subterráneo – 13:44 hrs.

-Lo vi en la tele –exclama con asco Carol-. Una empresa de carnes, no me digas que…

-No creo que se arriesgue a tanto –corrige Adela-. Imposible. En todo caso es un ser demasiado poderoso y con el suficiente dinero como par alimentar sus instintos acá.

-Me falta algo para que me cuadre todo –dice Carol-. ¿Y tú, cómo que llegaste a quedarte acá? ¿Y disfrutar todo?

-Sobreviví –dice Adela, levantando su blusa y mostrando una enorme cicatriz en su espalda.

Flashback. Habitación de Torturas – día

Una joven Adela está sentada en la silla de torturas. A su lado, una mujer que cubre su rostro con una mascarilla la amenaza con un soplete, que quema parte del brazo de la mujer.

-¡Déjame! –grita Adela-. ¡Por favor, déjame!

-Quiero hacerte sufrir antes de que tenga lo tuyo –dice la otra mujer-. ¡Sufre perra!

El soplete lo acerca nuevamente, quemando esta vez las prendas de Adela y dejando al descubierto uno de sus senos, cubiertos de sangre, carne quemada y ropa calcinada. Luego la mujer la desata y la empuja sobre uno de los mesones, enterrando una cuchilla en una de sus piernas. Boca abajo Adela se zamarrea, intentando zafarse pero es imposible.

-Bárbara por favor déjame salir ¡Te prometo que sí lo hago, esta vez sí lo hago!

Bárbara amarra al mesón a Adela con algunas cuerdas. Imposibilitada de moverse, Adela se mueve de un lado a otro, gritando con fuerza. Bárbara toma un bisturí que saca de una bolsa sellada. Acerca una nevera y la abre.

-Tú eras mi única esperanza –dice Bárbara, entre lágrimas-. Mi querida prima, la única con la que comparto grupo sanguíneo y que podía donarme su puto riñón. Pero la muy mierda no quiso, ¡le dio miedo!

-Te lo paso, juro que te lo paso –balbucea Adela entre lágrimas-. ¡Déjame ir! ¡Te lo dono! ¡Por favor!

Bárbara posa el bisturí, separando la piel en dos trozos, con grandes cantidades de sangre que salen de la espalda de Adela. Ella grita del dolor. El corte sigue bajando cada vez con más fuerza y profundidad, dejando al descubierto hueso y músculos, con mucha sangre que cae a borbotones. Adela llora con rabia, intentando sacar sus manos de los nudos que Bárbara hizo.

-Te juro que voy a cuidar de tus riñones, mi niña –dice Bárbara.

Adela rompe los huesos de su mano, acompañada de un potente grito de dolor. El crujido impresiona a Bárbara, la que es empujada con un fuerte codazo a la silla donde estuvo Adela. Aguantando el dolor de los huesos que mantenían algunos dedos colgando, Adela corta el hilo que une la otra mano, tomando un enorme sable. Bárbara se repone y se abalanza contra Adela, cortándole parte de brazo con el bisturí.

-¡Perra de mierda!

Adela entierra el sable en uno de los ojos de Bárbara, la que grita desesperada. El ojo cae al suelo, rodando junto a algunos nervios que se llenaron de mugre y barro. Adela corta las cuerdas que la unían a la camilla y, tomando un machete del mesón, corta parte del brazo derecho de Bárbara, la que apenas se mantenía en pie. Luego la empuja, haciéndola caer de boca al suelo. Toma un fierro largo terminado en punta, el que eleva y luego deja caer sobre el recto de Bárbara, provocando que ésta se contraiga del dolor, escupiendo sangre. Adela pisa ambos pies de la mujer y luego reitera el golpe, esta vez con más profundidad y procurando enterrarlo hasta lo más profundo de las entrañas de la muchacha.

-Así te gusta puta, ¿así te gusta, no? –exclama Adela.

Agonizando, Bárbara intenta moverse pero no puede. Con el fierro enterrado en lo más profundo de su cuerpo, su verdugo la rodea, esta vez dando fuertes golpes con una picota en sus brazos. Uno tras otro, pulverizando hueso y carne, convirtiendo su cuerpo en una masa descompuesta, mezclada con barro y algunos insectos que se acercaban a comer de sus restos. Con Bárbara inconsciente, Adela toma un hacha y da un golpe sobre el cráneo de quien fuera su prima, partiéndolo en dos y dejando parte de su cerebro al descubierto. Luego prosiguió una y otra vez, con los ojos cubiertos de lágrimas y dejándose dominar por sus instintos más profundos. Cuando hubo convertido la cabeza de Bárbara en un montón de masa encefálica gelatinosa, huesos pulverizados y sangre, se detuvo. Un hombre, Ramsés, miraba desde la puerta.

-Veo que tienes agallas –dice él, muy intimidante-. Me gustó lo que vi.

Int. Subterráneo – 13:45 hrs.

-Todo por una puta venganza de esa estúpida –exclama Adela.

-¿Sabes cómo puedo salir de acá? –pregunta Carol.

-Te van a seguir –dice Adela-. Hasta torturarte y asesinarte.

-¿Sabes?

-¿Ves la granja del frente? –indica Adela una de las puertas, donde estaban confinados los humanos primitivos-. Siempre vienen camiones a buscarlos y llevarlos. Entra allí, y hazte pasar por uno de ellos. Luego huye, piérdete. Y nunca, pero nunca digas tu nombre.

-¿Puedo confiar en ti?

-¿Eso no fue lo que hiciste recién, al no matarme? –dice Adela-. Estamos en las mismas. Sólo que tú tienes más agallas que yo. Vete, no te delataré. Vengo de ver algo que me cambió totalmente la percepción de este lugar…

-Suerte –dice Carol.

Int. Pasillos – Segundo piso – 13:46 hrs.

Elena y Karina corren por los pasillos, sin saber donde ir. Todas las puertas están totalmente cerradas.

-Mamá, ¿qué hacemos? –pregunta Elena-. Podríamos entrar a una.

-¡¿A cuál?! –pregunta algo alterada Karina-. Estoy confundida.

Elena detiene el paso y se para junto a una puerta algo envejecida. Pone su oreja sobre ella y oye nada. Luego golpea la puerta y nadie sale. Con su cabeza le indica a su mamá que entren.

Int. Habitación desconocida – 13:47 hrs.

La pieza era normal. Una cama, algunas cosas, un gran armario, televisión, una radio y un pequeño cuarto de baño. Las dos mujeres algo nerviosas dan vuelta la habitación buscando, sin saber exactamente qué, pero buscando. Cuando terminan de revisar todo, Karina procura cerrar con seguro la puerta.

-¿Qué hacemos? –pregunta Karina, nerviosa, luego se acerca a su hija y le toma las manos-. Elena, hija, juntas hasta el final mi vida, ¿ya?

-Mamá –Elena llora-. Tengo mucho miedo, quiero que termine ahora ya. Me hicieron mucho daño, mucho.

Madre e hija se abrazan un instante.

-Vamos a hacer esto por tu padre y por tu hermano, ¿ya? –dice Karina-. Ellos nos necesitan fuertes ahora, sus muertes -hace una pausa, se le hace un nudo en la garganta-… no fueron en vano. No lo pueden serlo.

-No hicimos nada tan malo como para merecer esto, mamá, ¡no lo hicimos!

-Lo sé hija, así es la vida. Injusta.

Flashback. Int. Cabaña – día

Elena, Mauricio, Estefanía y Oscar juegan cartas. Muy calmadamente, acompañados de algunas cervezas que estaban a medio llenar sobre la mesa, van sacando algunas cartas en el carioca que estaba ya por terminar la última ronda: escala real.

-¡Mierda! –exclama Estefanía-. No debí elegir esta pinta.

-¡Pero juega, Estefy! –dice Oscar.

De pronto Karina bajas las escaleras corriendo, al borde del llanto. Los chicos se ponen de pie para recibirla, pero quedan estupefactos al ver que un hombre encapuchado tiene amenazado a Miguel con una cuchilla en su cuello.

-Atrás –dice la voz, un hombre.

-¡Suelta a mi marido! –exclama Karina. Elena se acerca y le pide que se calme.

-Tranquila, que no les haremos daño… todavía.

La puerta se abre y entran varios hombres, entre esos Braulio, armados con hachas y uno de ellos con una ametralladora, quien se encargaba de supervisar.

-Es simple. Ustedes van a darse vueltas, poner sus manos en su espalda y nosotros les esposaremos –dice el hombre-. ¿Entendido?

Todos quedaron helados escuchando. Nadie hizo caso. El hombre entierra el cuchillo en la primera capa de piel de Miguel, el que emite un quejido de dolor. Elena toma la iniciativa y da media vuelta. Uno de los guardias se acerca y la esposa.

-¿Qué quieren de nosotros? –pregunta Estefanía.

-¡Respondan! –exige Mauricio, mientras otro de los guardias lo esposa-. ¿Qué buscan? ¿Dinero?

-No –dice el hombre encapuchado-. No buscamos dinero, simplemente personas que nos sirvan para ciertos juegos. Les informo de antemano… van a desaparecer del mapa para siempre.

-¡¿Quién eres?! –exclama Elena.

-Me presento, mi nombre es El desollador –dice el hombre, sacándose la capucha.

Int. Pasillos – Segundo piso – 13:46 hrs.

Dios llega frente a la puerta de su oficina. Antes de abrirla levanta una oculta tapa que está a un costado. Luego marca su huella digital en un pequeño sensor y se abre un moderno computador que muestra parte del interior de la oficina en grabaciones. La alarma de un costado está activada. “Personas no reconocidas” dice. Dios clickea la pantalla y ésta reproduce el instante que Genaro entra a la oficina. A rápida velocidad el hombre deja que la cinta avance hasta que ve el instante que coloca el polvo en sus pertenencias.

-¡Maricón! –exclama enfurecido Dios-. ¡Mierdas mariconas me las voy a cagar!

Saca un teléfono y disca un número.

-Ten preparado el auto afuera –dice-. Nos vamos.

Da media vuelta y entra a una de las puertas contiguas.
Revuelve algunas cosas y vuelve a salir al pasillo, esta vez con dos metralletas, una en cada mano, disparando al aire, con una perversa sonrisa en su rostro.

Int. Pasillos - Primer piso – 13:48 hrs.

Dios baja las escaleras y se deja caer en el primer piso. Frente a sus ojos ve a dos trabajadores, a los que ametralla sin piedad, perforando sus cuerpos en una ensalada de metal y sangre que los deja en el suelo totalmente muertos. El pánico cunde al interior de Abaste, varias personas salen por las puertas a ver que pasa pero Dios va una a una asesinándolas a metralletas.

-¡Aníbal! –grita Dios-. ¡Genaro!

Da media vuelta por otro de los pasillos y encuentra a ambos hombres con una pistola en mano cada uno, viendo que sucede. Antes que puedan levantarla, Dios presiona el gatillo de ambas metralletas, dando en el estómago de ambos hombres, quienes se van contra la pared impulsados por la fuerza de las balas. Tras Dios pasa Adela corriendo, quien se encierra en la jaula principal, dando un fuerte portazo.

-¡Adela te voy a matar, perra! –grita Dios.

Luego se acerca a Aníbal, quien agonizaba, y Genaro, éste último ya muerto. A Genaro le pone la metralleta en la boca y le dispara, perforando y destruyendo casi totalmente su cabeza, dejando la masa encefálica esparcida por el sucio concreto del lugar. Aníbal intenta moverse pero es imposible, se retuerce del dolor.

-Me das asco –exclama Aníbal-. Maricón, viejo maricón.

Dios levanta la punta de la metralleta y la entierra en el estómago de Aníbal, el que da un fuerte grito. Luego sigue enterrándola con más y más fuerza.

-Voy a llegar a tu columna, maricón.

Reitera el movimiento, esta vez dejando más de la mitad del cañón al interior del cuerpo. Presiona el gatillo y convierte en una gelatina sanguinolenta toda la espalda de quien fuera su principal ayudante, provocándole la muerte inmediatamente.
Una científico intenta cruzar frente a Dios pero éste le dispara en ambas piernas y luego en la cabeza.

Da media vuelta y se dirige a la jaula donde Adela se escondió.

Int. Jaula – 13:50 hrs.

Adela pone un candado a cada lado de la gruesa compuerta metálica, y luego se hace a un lado, sentándose en el suelo. Braulio se levanta de su lugar y se acerca hacia donde estaba la mujer.

-¿Qué es todo ese escándalo? –pregunta él.

-Dios se volvió loco, no entiendo –exclama Adela, casi llorando.

Dios golpea la puerta metálica con un pie.

-¡Abre, puta! ¡Te voy a matar, ramera barata! ¡Ahora vas a conocer lo que es sufrir! ¡Ajá!

-¡Vete! –grita Adela-. ¡No te voy a abrir nunca!

Dios dispara la metralleta, golpeando cada bala con fuerza en la compuerta metálica. Adela cubre sus oídos con sus manos, llorando del nerviosismo y la impresión.

-Tenía razón, es el fin –dice para sí misma Adela-. ¡Tenía razón!

-¿Quién? –pregunta Braulio. Las balas habían cesado y los pasos de Dios se perdieron en el pasillo.

-Satanás.

-¿Resucitó? –pregunta asustado Braulio-. ¿No me digas que… pasó?

-Ester. Luego de media hora se levantó. Degollada, casi sin sangre, se levantó y dijo… que este era el fin.

Int. Casa de Ester – 13:55 hrs.

Katherine entra a la casa, acompañada de tres policías, todos encañonando armas. Cuando Alonso y Nelly le indican que bajen las armas, ellos hacen caso y entran.

-Tengo noticias –dice Katherine.

-Nosotros también. Recorrimos toda la casa –dice Nelly, jadeando de cansancio-. Encontramos esto.

Nelly entrega una carpeta a Katherine. Ella la abre y encuentra una serie de facturas tranzadas a diferentes nombres, pero todas firmadas por la misma persona: Angela Toro.

-12 kilógramos de carne fresca –lee Lobos-. ¿Qué mierda?

-Y toma esto –dice Nelly, entregando otra carpeta.

Kathy la abre y sale una serie de fotografías de cuerpos destrozados, gente comiendo alrededor de ellos. En una de las fotografías una mujer rubia sale rodeada de varios hombres, uno de ellos con un tenedor y cuchillo enterrado en su pierna.

-Con esto se demuestra que la teoría de los caníbales que asesinaron a tu madre es cierta –dice Katherine.

-Y no sólo eso –espeta Alonso-. Es probable que Ester, sus amigos y la hermana de Nelly hayan corrido esa suerte.

Nelly se lleva las manos al rostro al escuchar esas palabras.

-Esa era la noticia que tenía –dice Katherine-. La suerte va a nuestro favor. Un grupo se dirige en helicóptero al lugar donde está capturada “La familia fantasma”. Una de las tantas que desapareció. Una de ellas, la mujer adulta…

-Karina –dice Alonso.

-Ella, se comunicó con un canal de televisión. Audaz jugada, porque en la policía jamás la hubieran echo caso –Katherine se da vuelta y habla con otro de los detectives, entregando las carpetas-. Miranda, confío en ti. Lleva las evidencias y saca una orden de arresto en contra de Angela Toro ahora ya. A más tardar en la tarde quiero ya que estén tras su pista.

Int. Habitación desconocida – 13:55 hrs.

Karina y Elena están sentadas en la cama, pensativas, sin saber que hacer. En eso, el silencio se quiebra con una serie de balazos provenientes del pasillo, y varios gritos de personas que corren, entre esos los de Dios, quien ríe perversamente.

-¿Qué hacemos? –pregunta Elena, algo alterada.

La puerta del exterior es intentada abrir, pero estaba con seguro. Elena mira a su alrededor, luego fijando su vista en el techo. Sube sobre una cómoda de madera y luego, usando su brazo sano y dejando a un lado el herido, se encarama sobre el último listón de madera del closet, procurando correr la ropa a un lado y no lanzarla al suelo. Da un par de puñetazos al techo, sonriendo luego.

-Mamá, no se como, pero sube. Escapemos por acá –exclama Elena.

Elena, ayudada de un zapato de taco que encuentra a un lado, rompe la división que da al entretecho con gran rapidez. Se queja en el momento que un trozo de yeso cae sobre la herida de su brazo, pero luego continúa. Karina, en tanto, sigue la misma ruta de su hija, con más torpeza, pero muy concentrada.

Int. Pasillo – Segundo piso – 13:55 hrs.

De una de las habitaciones Dios saca del pelo a una mujer, empujándola luego al suelo. Le pone el cañón de la metralleta en uno de sus senos y luego presiona el gatillo, convirtiendo en sangre y carne muerta su cuerpo en instantes. Varias de las puertas se cierran con llave, a una de ellas Dios dispara en la chapa reiteradas veces, abriéndola. Al interior ve a uno de sus empleados que intenta escapar por la ventana, pero le dispara certeramente más de veinte balas, haciendo que el cuerpo caiga hacia el exterior.

Una mujer, en tanto, intenta abrir una de las puertas, pero no puede: la habitación donde Karina y Elena se esconden. Al borde del llanto se deja caer fuera de su dormitorio, suplicando a Dios que no la mate, pero éste hace caso omiso y sin piedad la muele a balazos, concluyendo con un fuerte pisotón sobre la cabeza de aquella mujer. Luego dispara a la chapa de aquella puerta y la abre de una patada. Estaba vacía.

Su teléfono celular suena.

-Baja –dice la voz de un hombre-. Ahora ya.

-Voy –responde seco.

Int. Templo de Dios – 14:05 hrs.

Dios deja sobre una de las bancas las dos metralletas. Estaba rodeado de cadáveres, todos masacrados y baleados. Algunos sobre las sillas, otros tirados en el suelo uno sobre otros, algunos con el estómago abierto, otros con profundas heridas en sus cráneos.

El hombre se acerca al cadáver de Ester, el que estaba sumergido en una piscina de sangre, de boca. Éste pone sus pies al interior, dejando que el rojo líquido entrara por sus zapatos, luego con algo de dificultad la toma en brazos. Limpia su rostro, dejándolo al descubierto y luego la besa y la acurruca de forma protectora. Luego abandona con lentitud el Templo.

Int. Entretecho – 14:12 hrs.

De pie sobre las maderas que sostienen el endeble techo de la vieja construcción, Karina y Elena esperan a que llegue el rescate, o al menos lograr esconderse hasta que de la noche. Sin estar mayormente enteradas de la masacre que acaba de ocurrir y que la gran mayoría del edificio estaba totalmente vacío, simplemente se encuentran una mirando a la otra.

Del exterior se escucha el ruido de un automóvil, un portazo y luego un motor que a toda velocidad se pierde en el bosque.

-¿Serán ellos? –pregunta Elena.

-No lo sé –responde Karina.

De pronto sienten el ruido de varios helicópteros acercarse. Elena sonríe. A lo lejos se oyen algunas sirenas de automóviles también que lentamente llegan al lugar. Karina se acerca a uno de los extremos del techo.

-Ayúdame –pide, sacando una de las planchas de zinc que las separaban del exterior.

Int. Jaulas – 14:12 hrs.

Adela oye el ruido de los helicópteros y se levanta del suelo sorprendida.

-¿La policía? –pregunta Braulio, con una gran sonrisa en el rostro y al borde del llanto-. ¡La policía!

-Mierda –exclama Adela-. ¡Mierda! ¡Me van a atrapar!

Con desesperación abre la compuerta metálica, errando varias veces al poner la llave y luego corre por el pasillo, sin sabe donde ir.

Int. Granja humana – 14:12 hrs.

Entre los humanos primitivos Carol se hizo un lugar. Totalmente desnuda, acurrucándose del frío, escucha el ruido de las sirenas y helicópteros que se acercan. Pensó un instante en salir, pero era muy riesgoso. Había asesinado a una científico.
Prefirió esperar allí.

Ext. Abaste – 14:13 hrs.

Saliendo del techo, entre una plancha de zinc medio doblada, Karina hace señales a los helicópteros que la rodeaban, que eran exactamente ocho. Luego sigue Elena, quien sosteniéndose el brazo herido, mira con lágrimas en los ojos con la salvación se acerca a ellas.

Uno de los helicópteros lanza una cuerda, posteriormente un hombre baja, sostenido de otra cuerda.

-¿Están bien? –pregunta el hombre.

-¡Gracias! –exclama Karina, abrazándolo y llorando de la emoción-. ¡Gracias por venir!

Elena se afirma junto al hombre, en la misma cuerda. En la otra, el hombre amarra a Karina, pasándole un arnés con que sostenerse. Luego las elevan a ambas y dejan por primera vez en más de un mes Abaste.

Int. Pasillos – Segundo piso – 14:16 hrs.

Dos policías suben al segundo piso, viendo como Adela se aleja corriendo, al borde de la desesperación.

-¡Señorita deténgase! –exclaman ellos.

-¡No! –grita Adela-. ¡No me voy a dejar atrapar nunca!

Adela corre por el pasillo, dando vueltas en una de las bifurcaciones. Los policías la persiguen, sin tener nunca el paso. Sorpresivamente la mujer gira y se encierra en una de las habitaciones. Los policías giran la manilla pero está con seguro. Uno de ellos hace una señal con la cabeza, el otro se acerca y da un balazo al pestillo. Al abrir la puerta, cae el cuerpo de Adela, con ambos brazos cortados a lo largo y una cuchilla ensangrentada a un lado.
Uno de ellos toma el pulso a la mujer, el que lentamente se debilita hasta perderse totalmente.

Int. Jaula – 14:16 hrs.

Otro equipo de policía encuentra a Braulio allí, junto al cadáver de Miguel. Uno de los policías le indica que se haga a un lado, luego da un balazo contra el seguro y éste cede. El equipo abre la compuerta y sacan a Braulio de lugar.

Ext. Entrada de Abaste – 14:19 hrs.

Varios científicos sobrevivientes y otras personas eran llevadas a algunos camiones de policía, todos esposados. Todavía algo alteradas, Karina y Elena cuentan la situación a uno de los policías. Elena se hace un lado al ver que traían a Braulio.

-¡Braulio! –exclama Elena, acercándose.

-Lo encontramos en una de las jaulas –dice uno de los policías a quien tomaba la declaración de las Ramirez.

-¿Quién es? –pregunta el policia a Karina.

-Un compañero de celda –responde la mujer, mirando a los ojos a Braulio-. Fue prisionero, igual que nosotros.

El policía le indica que lo suelte, Elena se abraza a él, luego quedan mirándose fijamente durante algunos segundos. Él le dice gracias con los labios, ella sonríe y posteriormente lo besa.

Dos policías se acercan corriendo al oficial, algo alterados.

-Encontramos una especie de cárcel humana –dice el militar-. Lleno de seres humanos, algo primitivos. Además de un laboratorio y varias personas mutadas.

-¿Experimentos con humanos? –pregunta Karina.

-Eso creemos.

En el fondo, algunos policías y militares van liberando a los humanoides y encerrándolos en un cerco. Varios de ellos miran el sol y los ojos le lloran, totalmente no acostumbrados a la luz. Carol camina y se posa al centro del grupo.

Int. Casa de Ester – 14:21 hrs.

Con varias pistas recopiladas en bolsas plásticas, Katherine Lobos y su grupo ordenan algunas pocas cosas. El teléfono de la detective suena. Escucha un instante, Nelly y Alonso están pendientes.

-Tengo dos noticias –dice ella-. Lo siento Nelly, encontraron el cuerpo sin vida de su hermana.

Nelly baja la mirada, algo apenada, pero tranquila, al menos sabía que había sucedido con ella. Alonso la abraza.

-Y lo otro es que ya tengo orden de arresto y posible paradero de la tal Angela Toro. Además que estábamos en lo correcto… trafican humanos.

Int. Automóvil – 14:21 hrs.

Dios sube el cierre de su pantalón. El cuerpo sin vida de Ester yace sobre el largo asiento trasero del automóvil de aquel hombre, totalmente cubierto de sangre, y ahora además, recién abusado sexualmente. El conductor hace caso omiso de lo que acababa de ver, simplemente maneja a toda velocidad por las serpenteantes calles rodeadas de bosques. Todo así, hasta que una patrulla policial se cruza frente a ellos y luego son rodeados de tres helicópteros de la misma policía.

Dios, sin perder el control, saca de su bolsillo un moderno teléfono, en el cual presiona algunos botones y luego cierra. La pantalla dice “Enviado”.

-Detente –ordena Dios, levantando de la puerta trasera una tapa que ocultaba un botón.

Ext. Ruta desconocida – 14:22 hrs.

Varios policías rodean el automóvil.

-¡Salga con las manos en alto! –ordena uno, todavía a cierta distancia.

Cuando el auto se detiene totalmente, explota en miles de pedazos y haciendo un fuerte estruendo y arrojando fuertes cantidades de humo, fuego y metales por los aires. Algunos policías caen heridos al suelo y otros se lanzan ágilmente al suelo.

El que estaba más lejano abre la puerta de su auto y saca la radio.

-Lo perdimos señor, hizo estallar su auto.

Ext. Callejón desconocido – 14:30 hrs.

El camión, manejado por Ángela Toro está estacionado junto a una vieja e inmensa casa que apenas se mantiene en pie. Ésta entrega a Estefanía, quien es sostenida por fuerza por un gran hombre.

-¡Suéltame! –grita Estefanía-. ¿Qué me vas a hacer?

-¿No hay precio extra porque hable? –pregunta el hombre.

-No –responde Angela.

El hombre tira fuertemente del brazo a Estefanía, llevándola al interior de la casa abandonada.

Cuando Angela se dispone a subirse al camión, dos patrulleros policiales con las sirenas muy fuertes la rodean. Katherine Lobos se baja junto a otros efectivos policiales.

-¡No se mueva! –grita Lobos-. ¡Queda detenida!

-¿Por qué? –pregunta Angela.

-Descarada –exclama Lobos-. Tráfico de humanos –dice, abriendo la puerta del camión donde guardaba a todos los primitivos seres-. Figueroa, lleva al grupo al interior y que registren todo.

De la casa se escucha un fuerte grito de Estefanía diciendo “¡auxilio!”

Int. Casa Abandonada – 14:31 hrs.

Los policías hacen ingreso al lugar. Encuentran un largo pasillo lleno de habitaciones. Uno de ellos abre una de las puertas y encuentra un cadáver totalmente desollado, atado de pies y manos y puesto de pie. Luego otro de los del equipo abre otra puerta y en ella encuentra a una mujer decapitada y crucificada, con un fierro incrustado en su cráneo y sus pies y manos totalmente quemados.

-Esto es asqueroso –exclama uno de ellos.

Llegan al fondo de la habitación, guiándose por los gritos cada vez más ahogados y dolorosos de Estefanía. Abren una gran compuerta y en ella aquel hombre grande deja disparar una bazuca, la que destroza el cuerpo de cuatro de los policías. Uno de los que estaba más atrás da un certero balazo en el cráneo de aquel hombre, provocando su caída y posterior muerte.

Ingresan a la habitación y encuentran a dos perros comiendo del estómago abierto de Estefanía, quien estaba totalmente muerta, con ambos brazos mordidos con desesperación y sus piernas con numerosos cortes.

Int. Dormitorio – 14:30 hrs.

La televisión del gran dormitorio, coloreado principalmente con tonos rosados y negros, estaba encendida. Miraba llorando, con un notebook en sus rodillas, una muchacha joven y rubia, totalmente acongojada.

“La familia fantasma fue encontrada, dos de sus miembros estaban con vida. Trascendió también, según información de la policía, que el líder, el destacado empresario Luciano Delumiere, murió al hacer estallar su automóvil. Todavía no existe información exacta de los propósitos de esta sociedad, pero para tranquilidad de nuestra audiencia, esto ya ha terminado. Se encontraron también varios humanos primitivos, sin habla y sin educación, producto de experimentos genéticos. El gobierno se encagaría de ellos en un recinto especial, buscando insertarlos a la sociedad.”

El notebook tenía un video que recién terminaba de cargar. La muchacha coloca play y luego observa, era una grabación de Dios.

-Isabel, hija –dice Dios-. Cuando veas esto significa que estaré muerto. Esta grabación es mi póliza de seguros para cuando desbarataran todo. En algunos minutos más va a llegar un email con todos los datos que necesitas para tomar mi puesto y ascender al nivel de Diosa. Todo lo mío es tuyo, hija. Yo te enseñé y te eduqué, y tu ya sabes que hacer. Te quiero.

Isabel cierra el notebook, con los ojos llenos de lágrimas.

1 mes después

Ext. Cementerio central – 16:50 hrs.

Karina, Estela, Braulio y su madre visitan las tumbas donde están enterrados Estefanía, Miguel, Mauricio y Oscar. Con mucho respeto Elena deja un ramo de flores a su padre y luego vuelve a dar la mano a Braulio.

-Que descansen en paz –dice Karina, al borde del llanto.

Tras ellos, visitando otra cripta, una mujer vestida de morado, con un velo negro que cubría su rostro, miraba muy concentrada a la familia.

-Debemos estar agradecidos de poder estar aquí –dice la madre de Braulio, abrazando a Karina, con quien había hecho una gran amistad.

-Así es, y agradecidos también de tener donde poder llorar a nuestros seres queridos –dice Karina.

La mujer de morado saca un revolver de su bolsillo, cargándolo. Luego quita su velo, es Isabel.

-¿Creían que Abaste había terminado? –dice Isabel, algo nerviosa. Todos se dan vuelta sorprendidos.

-¡Es la de la foto! –exclama Elena.

-Mi nombre es Isabel Delumuere, pero pueden llamarme “Diosa”. Fui quien heredó todo de su verdugo, Dios. ¿Lo recuerdan, cierto?

-¡Vete de acá! –exclama Karina, algo alterada-. ¡Te juro que no voy a dejar que toquen a mi familia de nuevo!

-Uno de los lemas de Abaste es que, en el momento que lo pisas, no vuelves a salir de allí con vida NUNCA.

Elena se abraza a Braulio, quien mira con odio a aquella mujer.

-¡No puede ser! –exclama la madre de Braulio, al borde del llanto-. ¡No puede ser!

-Así es –la muchacha levanta el revólver, todos se hacen hacia atrás-. Pero llegó el día de cambiar el destino de Abaste.

La muchacha comienza a llorar en un mar de lágrimas que apenas le permitían hablar.

-El momento en que todo de un giro en ciento ochenta grados y de una puta vez termine el legado de mi padre. Vivan felices, porquen yo ya no pude –sentencia.

Luego levanta el revólver, lo pone en su boca, y antes que Braulio pudiera acercarse para evitarlo, ella lo dispara, reventando toda su boca y parte trasera del cráneo, salpicando sangre y masa encefálica al suelo, luego desplomándose y cayendo sobre la tumba.
Karina abraza a su hija, la cual lloraba desconsolada.

-Ya terminó, ahora sí terminó –dice Karina.

La tumba sobre la que cae la muchacha dice “Isabel Victoria Delumiere Gomez”. La familia queda abrazada frente a ese cadáver. Pronto se llenó de gente el lugar, testigos y policía que constataron el sucidio.

Katherine Lobos es quien llega, revisa el cadáver y encuentra una nota, la que lee a los presentes.

-¿Qué culpa tengo yo de lo que haya echo mi padre? Me da asco la carne animal, menos voy a comer la humana, soy totalmente atea y creo que Satanás es una puta invención del hombre –lee Lobos-. En el instante que el maricón de mi padre me dejó su “legado” supe que no iba a poder soportar la presión y el fastidio de sus “ayudantes”. Al reverso de esta nota están los nombres, direcciones y teléfono de todos y cada uno de esa gente que todavía viven. La mayoría son ministros, sí, esos mismos que juran hacer bien a la sociedad, no son más que sádicos frustrados, asesinos, mierdas y asquerosos cerdos sedientos de dinero y poder. No puedo soportar vivir así, simplemente no puedo. Papá, te odio. Y para quienes sobrevivieron a la mierda de vida que les dio Abaste, por favor, olviden todo. Yo no soy como él… aunque todos crean que lo soy, ¡no!
Isabel

Elena y Karina se abrazan, al igual que Braulio y su madre. Lobos y los otros policías colocan el cadáver de Isabel en una bolsa plástica negra. Uno de los ayudantes era Alonso, quien nuevamente vestido de policía, cumplía labores a las órdenes de Katherine Lobos, la nueva jefa de la unidad policial de la ciudad.

Epílogo

La policía, a cargo de la audaz e inteligente Katherine Lobos, logró desbaratar totalmente las otras instalaciones de Abaste esparcdas por el país. Los ministros y otros ayudantes que aparecían nombrados en la carta de Isabel fueron condenados a muerte, no fue difícil demostrar sus lazos comerciales y criminales con Luciaino Delumiere.

Se encontraron varios centros ligados al satanismo deformado de Delumiere, quienes principalmente usaban humanos para sus ceremonias. Muchos de ellos eran torturados y masacrados tal cual se hacía en Abaste, sin embargo en ese lugar fue la única parte donde se encontró experimentación genética. Felipe, el pequeño con quien se experimentara, fue aceptado por familiares de Ana Luisa Machado, su madre, y actualmente vive con tratamientos psicológicos intentando superar la traumante experiencia vivida.

Los humanoides encontraron fueron lentamente aprendiendo el lenguaje y las costumbres humanas, a pesar de todavía faltarles mucho por aprender. Capturaron el interés de los científicos, sobre todo psicólogos y genetistas. Carol, a las dos semanas de estar en ese lugar, escapó y actualmente reside en un rural pueblo bajo el nombre de María González.

Braulio y Elena prosiguieron sus vidas, él encontró la forma de ganar dinero de forma honesta, además de entrar a estudiar a un centro nocturno de capacitación. Elena, por su parte, siguió sus estudios universitarios de medicina, imitando los pasos de Karina.

Por su parte, Nelly y Alonso no tardaron en ligar y comenzar a salir juntos. A pesar del buen augurio, al poco tiempo decidieron terminar su relación.

En la actualidad se siguen registrando misteriosos casos de desapariciones, y quedan algunos aislados lugares donde se practica el canibalismo, aunque según Lobos y compañía, éstos no estarían ligados a Abaste.

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