
Int. Pasillo 4 - 17:43 hrs.
Oscar es arrastrado por el pasillo, Braulio lo tira de los pies mientras que Adela, con bastante recelo, cuida que no intente moverse. El muchacho intenta sostenerse de las imperfecciones que hay en el suelo, pero sólo consigue dejarlo marcado con varios rastros de sangre y parte de la piel de su mano, que cada vez se va llenando de más y más heridas mezcladas con el concreto suelto.
Cuando están cerca del pasillo tres, una carretilla pasa a su lado, la que carga los cuerpos que comenzaban a descomponerse de Francisco y El desollador. Oscar al ver ambos, hace un intento inútil por zafarse, pero sólo consigue que la herida de la pierna se presione y le provoque aun más dolor del que ya sentía. Temeroso, se deja arrastrar por sus captores, mirando el roñoso techo con los ojos llenos de lágrimas, viendo como su corta vida estaba pronta a llegar a su fin: pasaron imágenes de su niñez, cuando su hermanita llegó a su hogar y él víctima de los celos la golpeaba constantemente, sus compañeros del colegio, la única novia que tuvo, la imagen de sus padres tomados de la mano esperando por su regreso, todo pasaba en fugaces flashes que lo llenaban de tristeza y frustración. ¿Luchar? Podía levantarse de ahí y encararlos, pero su herida era más fuerte, además que sería inútil, le darían muerte, quizás le torturaría de peor forma, ¿quién sabe? Estaba sumido en una incertidumbre que lo angustiaba, oprimía su pecho con más y más fuerza.
Ext. Café "Framuso" - 17:44 hrs.
Nelly toma asiento bajo una mesa que era cubierta por un gran quitasol crema que tenía dos tazas de café estampadas en su parte superior, su acompañante, Alonso, se sienta frente a ella.
-¿Desea algo señorita? -dice con galantería él.
-Tengo cero ánimo para pensar en coqueterías baratas, paso -exclama Nelly, muy cortante-. Entonces, ¿tú investigas lo de Ester, la desaparecida? ¿Le invadieron la casa? ¿No te han dado pistas, información, pedido dinero? -su ansiedad era desbordante.
-Calma, calma, si tenemos tiempo. Yo trabajaba en la policía cuando llegó el caso y me mandaron a investigar a la casa. Según la familia borraron todo lo que recordara a ella, también desaparecieron tres amigos de ella. Luego de eso, me involucré mucho en el caso y me despidieron, nunca recibí mayor explicación. Dicen que Ester simplemente no existe. Lo único que tengo son regalos que hizo a su madre, pero eso de nada sirve si cualquiera pudo comprarlos -su voz sonaba apagada y parecía apretarse.
-Un mes ya ha pasado desde eso, ¿un mes? Y yo llevo apenas un puto día y siento que estoy acabada -Nelly cubre su rostro con una de sus manos-. ¿Qué se puede hacer?
- El problema es que yo no sé absolutamente nada, pero si borraron sus datos es por algo, ¿no? Hice muchas averiguaciones, pero a costa de hacerme demasiados enemigos...
-Pero eso no prueba nada, ¿no sabes si Ester tenía algún problema con alguien?
-Sí, pero no se con quien, nadie lo sabe. No hay papeles, registros, ¡nada! Problemas de negocios, ella era comerciante.
Nelly queda pensativa.
-¿Y su madre en serio se suicidó? ¿No puede ser que la hayan matado?
-Por como estuvo ella de mal, es probable. Pero siempre tuvo la esperanza de encontrar a Ester con vida. Me alegra tanto poder encontrar a alguien que esté en las mismas que yo -Alonso toma la mano de Nelly, quien la quita rápidamente.
-Esto requiere de mi mente trabajando al ciento por ciento -dice Nelly-. Juro por mi vida que voy a averiguar lo que está pasando con la Leticia.
Nelly se levanta de la mesa, saca una tarjeta de su cartera y la entrega a Alonso.
-Llámame si sabes algo, ¿tú número?
-Te hago sonar de inmediato tu teléfono y lo guardas.
-Ok, adiós.
Nelly se escabulle con velocidad entre las personas, dejando a Alonso sentado en el café, con su teléfono en mano, la tarjeta en otro, sin siquiera alcanzar a despedirse.
-¿Desea algo? -pregunta una mesera.
-Un café -responde él, con una sonrisa.
Int. Jaulas – 17:46 hrs.
Estefanía se niega a entrar a la jaula donde ya estaban Karina y Miguel, bastante afectados. Su prima Elena pone una de sus manos sobre el hombro de Estefanía, pero ella lo quita con reticencia.
-¡No me toques! –exclama, con la voz acongojada-. Por favor Braulio, ponme por ultimo con Ester y Jonathan, ¡pero con esos no! ¡Ellos tienen la culpa de que Oscar esté muerto!
-No sabemos si está muerto –espeta Ester.
Adela repentinamente aparece en la compuerta.
-Braulio, órdenes son órdenes, todos juntos en la misma jaula. Y por favor, tráeme a esa niña que está al lado tuyo –indica con la punta de su dedo a Elena-. La necesitamos para otra cosita, ¡gracias!
Braulio queda helado con el pedido de su superior. La traición que había cometido hace un momento a quienes había llegado a querer mucho durante este mes era demasiado, pero además tener que entregar a quien de a poco ha ido entrando en su corazón le oprimía la mente y nublaba sus ojos. Estupefacto, empuja a Estefanía al interior y luego toma la mano de Elena con fuerza, quien intentó zafarse pero con inutilidad.
-Perdóname –suplica él, con los ojos bañados en lágrimas que aún no caían-. No sé que hacer.
-Vete al diablo –exclama Elena, escupiendo en el rostro al guardia.
Él, enfurecido, la empuja al suelo haciendo que sus manos y su rostro chocaran contra el concreto y dejando una pequeña marca de sangre en él. Luego da media vuelta, pone el candado en la jaula de los Ramírez, saca una cuerda de uno de sus bolsillos y la pasa por las piernas de Elena.
-¡¿Qué vas a hacer?! –exclama Miguel-. Maricón, ¡te metes con mi hija y te juro que te mato!
-¡Papá! ¡Mamá! – grita con desesperación la muchacha del suelo.
Estefanía, con el pelo deja entrever sus rojos ojos y una maléfica sonrisa de venganza, que de pronto se transformó en una desquiciada risa.
-Vean lo que se siente –balbucea.
-¡Suelta a mi hija, idiota! –grita Karina, intentando abrir a golpes la reja.
Braulio, ignorando completamente las protestas de los Ramírez, saca a la rastra, tomándola de los pies y boca arriba, a Elena, quien intentaba sostenerse de los barrotes, esfuerzo que era en vano.
-¡Detente Elenita o te amarro las manos también! –ordenó Braulio, con los ojos llenos de furia y tristeza.
-¡Noo! ¡Ayuda! –grita ella.
Karina se abraza a su marido en un llanto que la hizo deslizarse entre sus brazos hasta caer de rodillas al suelo, debilitada y triste. Jonathan observa a Estefanía de reojo, quien hacía lo posible por hacer más y más escandalosa su risa de venganza.
-Si me sacan de acá, por favor no hagas tanto show, ¿ya? –murmura Ester al oído de Jonathan.
-Tan sensible que saliste –responde él, dándole un beso en una de sus mejillas.
Int. Pasillo 3 – 17:53 hrs.
Braulio vigila a Elena, que está tirada en el suelo sin hablar ni moverse, con la mirada fija en el suelo, perdida en sus propios pensamientos. De pronto se ve la silueta de Adela que se acerca a paso firme hacia ellos, el guardia le hace señas para que se acerque y ella obedece.
-Dime –dice Adela, con una amplia sonrisa en su rostro.
- Ya atrapé a la niña que me pidió, ¿qué hago?
- Yo me encargo –dice Adela-. Tu… te doy el día libre para que te prepares para la ceremonia, ¿ya?
-Será –responde resignado Braulio, caminando hacia la salida.
Ext. Patio – 18:33 hrs.
Braulio está sentado sobre un viejo árbol caído, observando la gran muralla de rejas que se alzaba sobre su vista, y tras ella un frondoso bosque que se perdía en el horizonte. El cigarro se consumía con rapidez, así como la amargura iba tomándose su cuerpo y su mente. Sorpresivamente Carol, vestida con la capa blanca, toma asiento junto a él.
- ¿Dame uno? –pide ella, indicando con su dedo el cigarrillo.
Braulio entrega uno, Carol lo pone en su boca y él con un encendedor lo prende.
-¿Vas a iniciarte también? –pregunta Braulio, con el rostro algo hinchado y los ojos enrojecidos, además de tener la voz apagada y triste.
-Sí, esa mierda. Por lo visto también te causó cierto recelo el tal “Dios”.
-Primera vez que veo lo que hacen cuando llega, ¡y es tan estúpido que se arrodillen ante un humano común y corriente! ¿Sabes que hacen acá?
-Sí, obvio, soy la hermana de Tatiana, me imagino que la conoces –hace una pausa, mira fijamente durante algunos segundos el demacrado aspecto de Braulio-. Te noto enrabiado –exclama Carol, pensativa-. ¿Quieres eliminar tu rabia, y de pasada ver a qué se dedican? Porque tu carita…
-Puede ser.
-Acompáñame –Carol extiende su mano a la de Braulio, quien responde tomándola con fuerza.
Int. Habitación de torturas 2 – 18:36 hrs.
Carol entra, y tras ella, aún de tomado de su mano, Braulio hace ingreso bastante nervioso.
-¿Segura que no es nada malo? –pregunta él.
-Nah, si ya vine una vez y de verdad desestresa. ¿Leíste el libro para la iniciación?
-Sí, es enfermísimo.
-Es entretenidísimo diría yo.
Carol tira del nylon ensangrentado que cubría la mitad de la habitación en forma de cortina y muestra a Braulio una silla, donde una muchacha de espaldas estaba encadenada a ella. Braulio sorprendido al ver alrededor el sinnúmero de armas cortantes y de tortura, y atormentando al reconocer aquellas zapatillas rojas, se acerca a ella y se pone delante. Era Elena, que estaba amordazada y encarcelada en esa silla. Braulio se hace para atrás muy nervioso y preocupado. Carol toma del mesón un mazo y se lo entrega al guardia.
-Toma, golpea. Te aseguro que te relajará –dice ella.
Braulio no acepta. Inquieto deja caer una de las cuchillas al suelo, la que da dos rebotes acompañados de un fuerte estruendo que encrispó los pelos de Elena.
-Yo te enseño –dice Carol.
La hermana de Tatiana toma con sus dos manos el mazo y golpea con todas sus fuerzas el brazo derecho de Elena, la que salta y se zamarrea del dolor, provocando un crujido de su hueso y varias gotas de sangre que se dispersan por el suelo con rapidez.
-¡No! –exclama Braulio-. No es necesario.
Elena, imposibilitada de hablar, presiona con fuerza la mordaza y derrama varias lágrimas de dolor. La herida del mazo era profunda, parte de la piel se rompió y por el crujido y el moretón, el hueso parecía haberse quebrado. Braulio acompaña a Elena en su dolor, explotando en lágrimas y quejidos de angustia e impotencia. Carol se acerca a él y lo abraza.
-Intenta hacerlo, es muy relajante, te servirá para botar todo el sufrimiento que guardas.
La puerta se abre de golpe, entra Adela enfurecida, la que se pone tras la silla donde yace Elena, pone una de sus manos sobre la herida del brazo de la muchacha, haciendo que ésta se zamarree del dolor.
-Los había estado buscando por todas partes, estamos por comenzar, ¡par de idiotas! –Adela insiste en poner sus dedos al interior de la abertura de carne revuelta en sangre del brazo de Elena-. Carolcita, sabes que está prohibido entrar acá, te quedan diez días.
Carol no responde, mientras que Braulio se dedica a observar con asco como Adela juega como si fuera gelatina con la piel de Elena, su amiga Elena. Con furia, la superior del par de muchachos toma un cuchillo y se acerca a Carol, quien se asusta al ver la frialdad con la que Adela la intimida.
-¿No estarás pensando matarme? –pregunta la muchacha.
-No.
Adela sostiene con rapidez la mano de Elena y deja caer el cuchillo, cortando la punta del dedo del medio en la primera articulación y dejando una marca de sangre bajo las uñas de los dos dedos que le rodean. Horrorizada, Elena vomita sobre la mordaza, manchando todo su rostro del amarillento líquido que se dejaba escapar por los espacios libres de su boca. Adela le saca un segundo la mordaza y la prisionera lanza con fuerza el resto del vómito sobre el suelo.
-¡Sádicos! ¡Auxilio! –aprovecha de gritar-. ¡Braulio eres un maricón!
Adela sonríe al escuchar la última frase, luego instala la misma mordaza en la boca de Elena.
-Vamos niños, es hora de comenzar –ordena Adela.
Ambos muchachos la siguen, Carol muy altanera y orgullosa y Braulio asqueado y descompuesto, con los ojos lagrimeando y el rostro horrorizado, dejando a merced de Abaste a Elena en esa solitaria y fría habitación.
Int. Templo de “Dios” – 19:01 hrs.
Tras una gran cortina negra, Adela y Aníbal conversan, con las puertas cerradas, esperando a que se les de la orden de comenzar.
-¡Es la hora ya! –exclama Aníbal con cierta desesperación.
-Calma, Dios tiene que darnos la orden –dice Adela.
Ambos quedan en silencio un momento.
-Me da pena que quien debería estar disfrutando este momento no esté con nosotros –dice con cierta nostalgia Aníbal.
-Esa puta traidora de Teresa no merece siquiera ser recordada, baboso de mierda –exclama con resentimiento Adela, sacando un par de risas de su compañero.
Flashback. Habitación desconocida – Noche
Teresa está amarrada, en el suelo de una habitación que tiene una gran camilla metálica al centro. A su alrededor, Tatiana, Adela y el Desollador se encuentran bastante molestos.
-¡Por qué Teresa! –grita el Desollador-. Tu familia está atrapada esperando para la iniciación, por idiota te vas a perder tu venganza.
-No vamos a tener piedad con los traidores –exclama Tatiana-. Tú estabas dentro para ayudar a Bastián, ¡ahora lo dejaste solo!
-No pensé que me fueran a dar la espalda así, ¡me enamoré! –suplica Teresa entre lágrimas-, No puedo dejar que maten a Sofía.
-¿Y qué vas a hacer? –pregunta Adela-. Nosotros te tenemos a ti, ¡estúpida!
-Con un componente menos del plan, al menos se van a complicar –dice Teresa.
-No lo creas –responde Tatiana-. Súbanla a la camilla, el primer video será con ella.
-¡¿Me van a matar?! ¡Claro, si no les gusta alguien, lo aniquilan!
-Sí –responde con frialdad el Desollador, acercándose a la camilla.
Ext. Calle La Salitrera -19:10 hrs.
Nelly baja de su automóvil, dando un fuerte portazo. Alonso le sigue, quitando los lentes de sol que cubren sus ojos. Ambos miran el hogar que era de los Torrealba, el que lucía tal cual como lo dejaron ellos.
-Menos mal que me llamaste, es una pista muy grande esta casa –dice Alonso.
-La verdad, no quería venir sola, por eso te llamé –responde cortante Nelly, saltando la reja con gran habilidad.
Alonso le sigue, ambos se acercan luego a la puerta, que a todas luces parecía cerrada. Nelly gira la manilla, tenía el seguro puesto. Decide dar la vuelta en búsqueda de la puerta de la cocina, la que curiosamente estaba abierta.
-Con cuidado –dice Alonso.
-Tú eres el policía, soy yo la que debería estar nerviosa –exclama con sarcasmo Nelly.
Int. Living casa Torrealba -19:13 hrs.
Nelly entra al lugar muy segura y con poco sigilo, seguida de Alonso que lucía intranquilo y nervioso. El lugar estaba completamente vacío, sin muebles ni rastro de vida.
-Subamos –exclama Nelly.
-Por favor más silencio –murmura Alonso-. Existe la remota posibilidad que haya gente y así vas a alertarla de que estamos acá.
Del segundo piso se escuchan pasos. Alonso detiene a Nelly, quien se aprontaba a subir.
-Suéltame –dice ella-. Que gano con esconderme. ¿No andas con arma?
-No la traje
-No sé para que te invité –regaña entre dientes ella.
No alcanzan a llegar a las escaleras cuando ven bajar a alguien de ellas con gran rapidez. Un encapuchado que lleva entre sus manos una pistola, con la que dispara un certero dardo en el hombro de Alonso, el que comienza a confundirse hasta desplomarse en el suelo. Nelly escruta con velocidad al enemigo buscando alguna pista que sirva, el traje era completamente negro, excepto por sus manos, las que estaban totalmente cubiertas de sangre. La mujer lleva su mirada a sus ojos, los que tenía enrojecidos y rodeados de sangre. A través del gorro pasamontañas expelía humo.
-¿Quién eres? –pregunta Nelly.
El encapuchado no responde, le dispara de la misma forma que a Alonso.
Int. Templo de “Dios” – 19:25 hrs.
Dios está en un altar ubicado a cinco metros de altura del suelo, rodeado de varias velas y vestido con una túnica similar a las de los curas, pero con dos cruces invertidas, una a cada lado de una tela verde que cruzaba tras su cuello y se dejaba caer en su cuerpo con soltura y distinción. Frente a él, a la misma altura y con el torso desnudo, cuelga Oscar, atado con dos cadenas que terminaban en unas pequeñas esposas que apretaban con fuerza sus muñecas, dejando varias marcas y pequeños cortes en su piel. Abajo, todos nuevos alumnos, vestidos con túnicas blancas, se reparten en forma de semicírculo sobre el prisionero que se balancea de un lado a otro. Las luces del lugar se apagan, dejando que todo el templo se ilumine con los cirios que rodeaban todo el escenario.
Dios se persigna haciendo la cruz invertida en su cuerpo, el resto de los súbditos le siguen con fervor, excepto Braulio que está al final de la fila todavía con los ojos enrojecidos y una expresión de desagrado inmensa, y Carol, que al lado del guardia observa haciendo una constante negación con su cabeza, pensando lo patético de esa situación.
-Quiero matar gente, no ver como adoran a un loco –murmura a Braulio la muchacha-. Creo que acá a todos les hace falta algo de dignidad.
Adela, que desde un costado vigilaba la situación, se acerca a López y la recrimina con gestos, a los que Carol responde levantando el dedo del medio, escondiéndolo entre las telas de la túnica.
-Las llamas que ascienden a lo alto en honor a ti… ¡Lucifer! –grita Dios, abriendo sus dos manos-. ¡Enciendan nuestro cordero de Satán!
Aníbal y Adela, ayudados por otros miembros, mueven un carro cuadrado lleno de madera y con un fuerte olor a parafina hasta ponerlo bajo Oscar. Dios comienza a aplaudir con devoción, el resto de los súbditos les siguen.
-¡Nooo! ¡Por favor nooo! –grita Oscar con desesperación, moviéndose con inutilidad de un lado a otro.
-Yo me voy –dice Braulio a Carol, aprovechando el movimiento.
Int. Jaulas – 19:36 hrs.
-¡Nooo! ¡Aaah! ¡Ayuda! –se escucha desde el exterior gritar a Oscar.
Estefanía se cubre los oídos con sus dos manos, apoyándose en la única pared de concreto del lugar y dejándose caer en el suelo con tristeza. Karina abraza a su marido mientras que Jonathan se apoya en las rejas, intentando aguantar el llanto que fluía con naturalidad de sus ojos.
-Empezaron –dice Enriqueta, rompiendo el eterno hielo que mantuvo durante todo ese mes.
Todos se dan vuelta a mirarla sorprendidos y asustados
-¡¿Qué cosa?! –pregunta con curiosidad Ester-. ¡Hable!
-Los ritos –responde ella, con la mirada fija-. El dolor.
Int. Pasillo 2 – 19:36 hrs.
Braulio abandona el Templo y corre desesperado por el pasillo, acercándose a la sala de torturas donde está Elena. Gira la manilla pero está con seguro, da un par de vueltas y no ocurre nada. Con furia, da una patada a la puerta, pero es inútil. Da un segundo golpe con sus zapatos, y parte de la pierna le queda incrustada entre las maderas, cortando parte de su piel superficialmente.
-¡Mierda! ¡Elena te tengo que sacar de ahí! –grita hacia el interior.
De la puerta del Templo, Carol sale y mira a Braulio dando los golpes contra la puerta sorprendida.
Int. Templo de Dios – 19:36 hrs.
Adela toma una antorcha y la lanza sobre la leña que estaba puesta bajo Oscar, encendiendo todo en un par de segundos. La llama se alza por varios metros sobre el suelo, quemando parte de las piernas del prisionero, que se esforzaba por mantenerlas dobladas. Su piel se tornaba roja y los gritos eran opacados con el fuerte estruendo que provoca la llamarada en sí. Aníbal se encarga de ir bajando lentamente al prisionero, hasta que cuando está a no más de 30 centímetros de la punta de la llama, da varios giros veloces haciendo que Oscar caiga por completo dentro del fuego.
Sus gritos se tornaron más estruendosos, la llama se encendió aún más y el olor carne carbonizada impregnó el lugar en instantes. Dios se regocija en lo alto al ver la llama frente a él, arrodillándose y haciendo reiterativamente la señal de la cruz invertida. Los súbditos miraban anonadados la escena, algunos disfrutaban, otros apenas podían ocultar el horror de ver lo que tantas veces leyeron, en directo.
-¡Que la carne viva se vaya! –predica de lo alto Dios-. Oh Lucifer, envíanos una señal de tu agradecimiento, esta es nuestra ofrenda.
-Este viejo es un demente –murmura Aníbal a Adela-. Quiero hablar contigo más rato.
El cuerpo de Oscar se termina de descomponer y quemarse, la piel se cae a pedazos y algunos de sus huesos comienzan a desprenderse del resto del cuerpo.
Por la puerta del fondo entran Carol y Braulio, quienes sigilosamente dan la vuelta por la periferia hasta ubicarse en la posición respectiva de cada uno, comparten un par de miradas de complicidad y luego se dedican a imitar lo que el resto hace, ponerse de rodillas frente a la imponente llamarada que se alza.
Int. Dormitorio de Carol – 19:39 hrs.
Agonizante, Elena cierra la puerta del dormitorio y se lanza sobre la cama de Carol. Sosteniendo siempre el brazo destrozado con su otra mano, se desvanece en un profundo llanto de dolor y angustia, que terminó por llegar a su clímax cuando por primera vez después de un mes fue capaz de ver el cielo a través de la ventana.

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