domingo, 31 de enero de 2010

2x02: Instintos



Int. Templo de "Dios" - 02:03 hrs.

Dios está en el centro de un gran salón cuadrado, iluminado sólo por grandes cirios, frente a un altar que tiene tres copas de plata y dos botellas llenas de sangre. Arrodillado, hace señas de alabo con reiteración a las copas y botellas que están sobre él, tocando con nerviosismo el hueso que cuelga de su cuello. Se levanta del suelo y llena una de las copas con la sangre de una de las botellas, la eleva, sosteniéndola con sus dos manos y luego da una gran inspiración. A su lado, Adela y Aníbal inclinan sus cabezas en señal de respeto.

-La sangre del anticristo –dice.

Dios bebe del líquido rojo con placer, aliviando así el apetito que reinaba en su cuerpo, calmando los nervios y soltando de una vez el hueso que roía con insistencia. Luego Aníbal hace entrega del hígado envuelto en un paño blanco, que ya estaba totalmente teñido de rojo, Dios lo toma y lo eleva.

- La carne del anticristo.

Da un mordisco, con dificultad logra desgarrar un pequeño trozo el que luego mastica con dificultad, hasta tragarlo. A su lado, Aníbal y Adela levantan sus cabezas y vuelven a la posición normal.

-Mañana comenzaremos -dice Dios-. Quiero que la ceremonia salga como dice nuestro libro sagrado, ¿ya saben lo que toca mañana?

-A primera hora avisaremos para que tengan listo al anochecer al primer cordero -dice Adela-. Con su permiso mi señor.

-Adelante, ve con la paz.

Adela se retira del lugar con rapidez, cerrando la gran puerta de madera que los separaba del pasillo 3 con fuerza. Aníbal se acerca a Dios y le hace una reverencia.

-Tengo fichado a otro grupo que traer a Abaste -dice Aníbal, sacando una carpeta que guarda entre sus manos-. Viven en el campo y tuvieron problemas con...

-Callad súbdito, callad -Dios pone su mano sobre la boca de Aníbal-. No quiero interrupciones estos días, ¡son sagrados!

-Pero... Ramsés murió.

-Tü le sucederás, es obvio no, las escrituras lo dicen.

Aníbal no puede no ocultar la sonrisa que sale de su rostro. Necesitaba oír de su propia boca esa frase, al fin el poder era suyo.

-Shhhh, que la paz llene nuestras vidas, el dolor invada nuestro templo y el alma de nuestros nuevos miembros asciendan a los placeres de la adoración a nuestro líder espiritual.

Aníbal mira de reojo al meditativo Dios, hace una señal de desprecio y luego da media vuelta.

-Viejo psicótico -exclama entre dientes, dando un portazo que se escuchó en todo el primer piso.

Int. Hostal, Habitación de Carol - 09:12 hrs.

Un gran sol golpea la ventana cubierta por una delgada cortina blanca gastada por el paso del tiempo, en la habitación de color blanco, piso reluciente y un orden ejemplar. Diferente a todo el resto de las instalaciones, el Hostal estaba muy bien cuidado, era una construcción diferente a la de Abaste. Enredada en las sábanas, Carol da los primeros esbozos de estar despertando. Abre los ojos con dificultad, se refriega la vista hasta sentarse en el respaldo barnizado de la cama. La puerta se abre de golpe, entra Adela, quien antes de dar la vuelta procura poner el seguro.

-No tenías porqué aprovecharte de tus privilegios -recrimina Adela, lanzando una túnica blanca sobre la cama de Carol-. Dúchate y vístete, a las once Dios quiere que estén todos reunidos para la iniciación.

-Ese tal Dios es un viejo loco...

-Te va a escuchar -dice Adela, sentándose a un lado de Carol-. A pesar de todo lo extraño que sea ese caballero, nosotros lo admiramos, dale tiempo y te darás cuenta porqué se ha ganado ese respeto.

-¿Y qué pasa si le digo que yo ya me inicié solita en ésto?

-Te mata -responde con naturalidad Adela-. No te dejaremos ir nunca, Carolcita, una vez que tocas el suelo de Abaste, no vuelves a tu hogar nunca más. Y por favor, controla más tus instintos, que a la prisionera esa estuviste cerca de matarla

Adela abandona la habitación. Carol se levanta con desesperación de la cama y se abalanza sobre el armario. Abre una de las cajoneras, luego saca un pantalón morado, pone la mano en el bolsillo trasero y saca una caja de "Diazepam". Abre la tira, quedaban siete pastillas.

Flashback. Int. Hostal, Habitación de Carol - día

Tatiana está frente a Carol, estira su mano entregando la caja de Diazepam a su hermana.

-No te conseguí las otras, pero me dijeron que estas son parecidas -dice Tatiana

-Pero...

-Te las tomas no más, es eso o que te vuelvan las crisis.

Int. Hostal, Habitación de Carol - 09:14 hrs.

Carol deja caer en su boca una de las pastillas, y acompañada de un refrescante vaso de agua la píldora se abre paso entre sus entrañas hasta devolver la calma a su vida. Preocupada mira por la ventana el exterior, donde sólo visualiza la reja de más de tres metros, un par de guardias que fumaban y un frondoso bosque que se pierde en el horizonte. La puerta se vuelve a abrir, en esta ocasión entra Gustavo, vestido con una de las túnicas de iniciación.

-Gus -dice Carol angustiada-. Se me están acabando las pastillas.

-¿Y no te pueden conseguir más? ¿Tatiana? -pregunta él, preocupado.

-Está muerta -responde con frialdad Carol.

Gustavo queda tras la muchacha sorprendido, sin saber que hacer ni que decir.

Int. Jaulas - 09:19 hrs.

Todos duermen, como suelen hacerlo, en el suelo, apoyando sus cabezas entre sus brazos, sobre el cuerpo de otros o juntando alguna prenda sucia que conserven. La compuerta se abre, provocando un gran ruido que despierta a Estefanía y Ester. Adela se pone al centro, toca la campana que estaba a un lado de la compuerta e impaciente espera a que todos se pongan de pie.

-¿Qué pasa? -pregunta confundida Elena, quitando su cabeza del estómago de su primo Oscar.

-Noticias -responde cortante Josefa, reiterando el molesto ruido de la campana.

-¿Del mundo real o de este mundo paralelo de mierda? -exclama con molestia Ester.

-De este mundo paralelo de mierda -contesta Josefa, con aún más sarcasmo que Ester, siguiendo la frase de una cínica sonrisa-. ¡Atención todos! ¡A la noche uno de ustedes será el elegido para iniciar las hermosas ceremonias de inauguración de nuestro centro. Tendrá el privilegio de ver la luz, ¡ya que lo dejaremos en libertad!

Elena no fue capaz de ocultar el nerviosismo que sentía, sabía todo lo que hacían, pero el decir palabra alguna afectaría sí o sí a Braulio, además de dejar en evidencia el bloque de cemento que sacaron. Miguel se acerca a la reja.

-¿Y qué van a hacernos? ¿Ah? ¿Matarnos? -encara él-. Matarnos como a nuestro hijo, ¡puta de mierda!

-Digamos que... lo liberamos -responde Josefa, dando media vuelta-. Permiso.

Cierra la compuerta y sus pasos se escuchan cada vez menos, cuando dejan de ser audibles, Karina, rompe el silencio, con una afligida voz que apenas salía.

-¿Qué vamos a hacer? -pregunta ella.

-Pedir que se lleven a alguien que no aporte nada, como la vieja traumada del frente -dice Ester. Jonathan le hace señas para que se calle-. Ay ya, era una idea no más.

-Excavar -exclama con seguridad Oscar-. Lo que hay abajo, aunque está durísima, es tierra ¿No? Si seguimos de aquí a cuando sea de noche, podremos salir algunos y tomarnos esta sala. Tiene una sola compuerta, que se abre de arriba para abajo ¿no?

-¿Y cómo sabes que hora es? -pregunta con curiosidad Jonathan-. Digo yo, no tenemos ni ventanas ni nada.

-Por la simple razón que nos tienen acostumbrados a sus horarios, en un momento más van a traer el desayuno, además nadie de acá ha perdido sus horarios de dormir, si mis cálculos no fallan -acota Elena, entendiendo a la perfección el plan de su hermano.

-¿Y con qué podremos defendernos? -pregunta Jonathan -. Digo, defenderse, porque nosotros dos estamos perdidos igual.

-El bloque de cemento -dice Miguel, mirando con una gran sonrisa el trozo que estaba perfectamente encajado al suelo-. Y el tenedor.

-Oigan, y así por ser, ¿por qué están ustedes y no otros? Me dejó súper metida lo que dijo Braulín ayer -lanza sin pensar Ester.

-¿Y por qué estás tú aquí? -pregunta con cierta agresividad Miguel.

-Tatiana López se llama nuestra perdición -responde Jonathan-. Si les contamos todo lo que pasamos antes de llegar acá, la tortura a los otros dos acompañantes y que alguien se quería vengar de nosotros por una deuda, ¿no?

-¿Le debían dinero a ella, u otra persona? -pregunta Ester.

Elena dirige su vista a sus padres, que intercambian cómplices miradas de nerviosismo.

-¿Tienen algo que contarnos? -pregunta Elena.

-Es que no se si tenga que ver -dice Karina, nerviosa, buscando protección en los brazos de su marido-. No era una deuda exactamente, pero hubo una discusión con una mujer que prometió venganza, no se si tenga que ver.

-Teresa se llamaba, ustedes la conocen, la hija de Alejandra, mi compañera de trabajo -añade Miguel.

-¿Qué pasó exactamente, papá? -pregunta con molestia Elena.

-La encontramos besando a otra mujer -responde Miguel, con un gesto de reprobación.

Flashback. Ext. Plaza de la ciudad - Noche

Karina y Miguel caminan de la mano entre los senderos de la plaza central de la ciudad. En el fondo divisan una pareja besándose, sentados en una banca. Sin importar lo que suceda allí, marido y mujer continúan su caminata hasta llegar a una distancia visible para darse cuenta que eran dos mujeres las que se besaban apasionadamente.

-¿Esa no es la hija de tu compañera de trabajo? -pregunta Karina al oído a su marido.

-¿Teresa? -pregunta en voz alta Miguel.

Teresa reconoce la voz, suelta a Sofía y se pone de pie con una actitud agresiva, frente a la pareja.

-¿Algún problema? -recrimina Teresa.

-¿Tu mamá sabe que andas metida en estos pasos tan... asquerosos? -pregunta con reprobación Miguel.

-¿Asquerosos? Por favor, primero vea lo que usted tiene al lado antes de hablar de asquerosidad caballero -exclama Teresa, con una actitud de agresividad que sorprende a la misma Sofía, que solía ser la parte fuerte de esa pareja-. ¿Le importa si sabe o no?

-Digo, para decirle que su hija está metida en cosas turbias. A ella y a tu papá -Miguel sonríe cínicamente.

-Métase en su vida mejor, y pobre de ustedes que se atrevan a decir palabra alguna a alguien, les juro que me vengaré -Teresa se pone frente a Miguel, sus estaturas eran similares-. Viva, y deje vivir.

-Tere, no te hagas mala sangre por gente que no vale la pena -dice Sofía.

Int. Jaulas - 09:23 hrs.

- ¿O sea que podríamos estar acá sólo porque ustedes son un par de moralistas baratos? -pregunta Estefanía sorprendida.

-¿Le contaron a su mamá que ella era lesbiana? -lanza una pregunta Elena, antes que Miguel pudiera recriminar lo planteado por Estefanía.

-Sí, era lo que correspondía hacer, ¿no? -contesta Karina.

-Alejandra es una gran amiga, no podía hacer otra cosa -agrega Miguel, apoyando a su esposa poniendo su mano herida sobre su hombro. El dolor no pudo ocultarlo y se queja en voz alta, preocupado a Karina.

Oscar hace un gesto de molestia, da media vuelta y queda sostenido de los barrotes de las jaulas mirando rectamente a donde está Enriqueta .

-A la larga, es una suposición mía no más -dice Miguel-. Si no me equivoco, es como lo único que podrían recriminarnos, ¿no Karina?

-Teníamos tarjetas y plata al día, nadie más ha discutido con nosotros, al menos que sea pura casualidad que estemos acá, ¿quién nos manda a creerle a Braulio? Por favor no me hagas creer culpable de lo que le hicieron a Mauricio, por favor -suplica con dolor Karina.

-Yo le creo, mamá -exclama con sarcasmo Elena, seguida de una sonrisa de desagrado-. Él sabe más que todos nosotros.

-¡Me parece ridículo que estemos acá por culpa de un par de viejos chapados a la antigua! -exclama Estefanía, Oscar le pide que se calle con señas-. No me voy a callar, Oscar. Está bien, llegamos como todos felices y unidos, bla bla bla, lindo. Pero... ¡aaaah! Me enferma mucho saber que podríamos estar acá por algo tan evitable.

-Ni siquiera es seguro que sea eso -acota Oscar.

-La única Teresa que conozco es una que fue una vez a cobrar lo que debía donde mi mamá -dice Ester, pensativa.

Estefanía, llena de furia, se acerca a la celda de Ester y luego mira a sus dos tíos.

-Tío, como era la tal Teresa -recrimina la muchacha-. Demás es la misma.

-Alta, pelo largo y negro, delgada pero no huesuda -dice el hombre-. Personalmente encontré que tenía un rostro muy bonito y angelical, bueno era joven tenía como veintitrés años. Mmm, labios pronunciados y carnosos, su rostro reitero que era muy armonioso.

-¿Y exageraba las G al hablar? -pregunta Ester, luego acentúa la letra G con ironía-. Mejor dicho, exaGeraba, así media como con la garganta, no se si se creía francesa o que.

-Sí -responde Miguel.

-¡Papá! -exclama Elena con tristeza.

-Estamos acá por su culpa, ¡gracias tíos por estas geniales vacaciones que nos dieron, mil gracias! -el enojo de Estefanía se traduce en una molesta agresividad-. En serio, gracias tíos -esta vez cambia a un sarcasmo que irrita a Miguel, quien prefiere guardar sus palabras.

-Para variar, tu bocota Ester -susurra Jonathan al oído de su compañera de celda.

Int. Living casa de los González – 10:13 hrs.

El living está lleno de policías que recopilan pistas y huellas, buscando con lupas y algunos pinceles algo que les sirva. En el sillón una perito examina a Inés mientras que a un lado Nelly conversa con un policía .

-¿Cómo que no hay pistas? ¡¿Cómo?! –pregunta Nelly-. Mire mi cuello, mire –Nelly se levanta el pelo y muestra una pequeña marca roja en el lugar-. Ahí está la prueba.

-Eso no nos sirve señora.

-¡Señorita!

-Cómo sea, no se puede no más. Le aseguro que mis hombres están recabando toda la información pero no hay nada.

-Pero mire, tengo una hermana… y me quitaron todo lo que era de ella, todo.

Nelly toma del brazo al policía y lo encamina a una de las fotografías, donde sale ella y su madre.

-Eso es falso, esa foto no era así, ¡no lo era!

El detective pierde la paciencia. Aburrido del escándalo de Nelly, da media vuelta algo dubitativo y la deja hablando sola.

-¡Hagan algo!

-Vaya a la comisaría e interponga la denuncia, no veo nada. Yo a usted no le creo, permiso –dice él.

Int. Pasillo 3 - 12:44 hrs.

Adela camina por el pasillo a paso firme, rumbo a la habitación de Bodegas, donde todavía el cadáver de El desollador y Francisco esperaban ser procesados, a pesar del penoso estado en el que estaban. Al pasar frente a la puerta blanca sellada de “la cocina”, una mano la sorprende y la agarra del hombro, la mueve al interior de esa sección de Abaste.

Int. Cocina - 12:45 hrs.

Aníbal ríe. Adela algo incómoda, quita la mano del hombre de su hombro y saca una de las capas blancas que están colgadas en unos percheros metálicos. El lugar era una serie de biombos cubiertos por cortinas plásticas, la mayoría cubiertas de sangre y desgarradas, rodeados por un pasillo que las recorre por la periferia. Aníbal detiene el paso frente a una de las cortinas, que tiene colgado un letrero de papel que dice "Procesadora de alimentos".

-Te dije que necesitaba una opinión, ¿no? -dice Aníbal a Adela.

-Sí sí, ¿qué pasa?

Aníbal abre la cortina, destapa una juguera de poco más de dos metros de alto, con unos filos que parecían cuatro serruchos dispuestos en forma de cruz al fondo. En el envase de vidrio está la misma prisionera que Carol había torturado anoche, esta vez con sus heridas al descubierto y sin ninguna mordaza, aunque la tapa opacaba todos los gritos que ella emitía con desesperación.

-¿La metemos así, o la deshuesamos? -pregunta Aníbal.

-Pensé que era algo más emocionante, ¿las cuchillas serán capaces de triturar sus huesos?

-En teoría sí, aunque siempre sería bueno luego de ésto, triturar, aunque aumentan los costos.

-Probemos, por algo es una "cocina" -Adela hace las comillas con sus manos-. Por último algo se podrá hacer digo yo con la comida.

-Está bien.

Aníbal enciende el motor y las aspas inician su recorrido circular con lentitud. La prisionera intenta poner sus pies y brazos presionando hacia el exterior el vidrio de la juguera para sostenerse, pero era inútil, las aspas giraban cada vez más y más y su fuerza decaía, el miedo de apoderaba de su mente y el sudor hacía que se resbalara. En el exterior, Adela golpeaba el frasco con su puño.

Los filos comenzaron por rajar ambos pies de la muchacha, que se perdieron en un chorro de sangre que quedó marcado en todo el radio del vidrio del depósito, luego se dejó caer en las aspas que acabaron con ella en un par de segundos, destrozando su cuerpo en partes cada vez más pequeñas, desgarrando cada articulación y cada hueso, pulverizando todo en una mezcla espesa y sanguinolenta que se agitaba una y otra vez bajo las cuchillas que acababan con todo lo que se pusiera a su paso.

-¿Y qué vas a hacer cuando termine? -pregunta Adela con curiosidad.

-Nuevas ideas que vengo pensando hace un tiempo, ya verás mi querida Adelita, ya verás, te sorprenderé.

-Salió poquito, no se de donde mierda vamos a sacar más gente -exclama Adela con preocupación, mirando el nivel de la juguera que no llegaba más allá de un metro de altura-. ¿Quién está viendo la granja?

-Yo -responde seco Aníbal-. Yo soy el nuevo dueño de Abaste.

-¡¿Qué?!

-Y vamos a poner a andar esto nuevamente. Ya te enterarás Adelita, ya te enterarás.

Int. Oficina de Adela - 14:35 hrs.

La oficina de Adela era otro de los lugares relucientes de Abaste. Piso flotante de madera, paredes color crema, un televisor de pantalla plana colgado a la pared y varios arreglos florales adornaban con encanto el oasis en medio del descuidado edificio. Alguien golpea la puerta desde el exterior.

-Pase -dice Adela, quien revisa con concentración varios papeles, sentada en su escritorio.

Braulio tímidamente entra, se acerca a la silla que estaba frente a la mujer, prefiere permanecer de pie.

-Dígame Adela.

-Es sobre lo que hablamos anoche -Adela saca una capa blanca de uno de sus cajones-. Lo pensé bien... toma. Una vez que pases la iniciación, serás uno de los nuestros.

-Pero yo no he hecho nada de nada, los estudios y todo eso que les hacen a los otros.

Adela saca un viejo libro que trae el rostro de una mujer decapitada en la portada, sostenido con una de sus manos. Lo pone sobre la capa blanca.

-"Instintos", el libro sobre el arte de alimentarse, nuestra filosofía de vida. Fue escrito en viejas tribus aborígenes africanas, traducido por ancestros de nuestra familia Abaste. Es una de las copias originales, te pido que la cuides por favor.

-Ehm... pero yo... no estoy seguro si quiera esto.

-No seas inconsecuente, tú pediste algo, ahora hágalo, ¿ok?

-Ok.

Braulio toma la capa y el libro, y bastante confundido abandona la habitación.

Flashback. Int. Habitación de Teresa – Día

Teresa y Sofía están acostadas en la gran cama de dos plazas de aquella femenina y amplia habitación. Tomadas de las manos, Tere besaba por el cuello a su novia con mucho amor, sonriendo ambas cuando quedan de frente, dándose un romántico y apasionado beso.

-Te amo -dice Sofía.

-Yo también -Teresa hace una pausa, cambiando radicalmente el tono de su voz-. Estoy tan contenta que mi madre haya reaccionado bien. Creo que es tiempo que tu le digas a los tuyos...

Sofía agacha la cabeza con tristeza.

-Tú sabes que no puedo hacer lo que me pides hasta que me vaya de la casa, te pido por favor que disimules bien en la cabaña, ¡porfa!

-No entiendo por qué tanto miedo, yo me he jugado el todo por el todo por ti. A pesar que esos viejos de mierda contaron a mis padres, afronté y salió bien, muy bien.

-Y yo también, créeme que yo también me la juego por ti -Sofía abraza a Teresa y la besa en la mejilla con dulzura-. Allá habrán los suficientes árboles y montañas para perdernos, te aseguro que no lo pasaremos mal.

Teresa sonríe. La puerta de la habitación se abre y entra la madre de la muchacha con una bandeja llena de galletas y dos vasos de jugo, al ver a las dos chicas tomadas de las manos no hizo más que conmoverse.

-Les traje algo para que coman niñas, que no quiero que de ahí digan que no las atiendo como se merece mi hija favorita con mi nuera preferida -dice la señora.

Ext. Estación de policía – 15:43 hrs.

La pantalla numerada corre, el 45. Nelly mira el papel que sostiene en su mano derecha, asiente, se levanta y camina hacia el puesto número dos, donde una inexperta policía le espera con una amplia sonrisa.

-Buenas tardes señora, soy la detective Veloso –dice la muchacha,

- Señorita –corrige Nelly muy molesta-. Vengo a interponer una denuncia por asalto a mi hogar y desaparición. De hecho fueron a mi casa y me pidieron que lo de la desaparición lo dijera acá, con el asalto ya me mandaron a la mierda.

-Nombre de la desaparecida.

- Leticia Ignacia González Carrasco. ¿Le doy su número de identificación?

-No, el nombre basta.

La muchacha teclea en la computadora una y otra vez, pero se da cuenta que algo falla.

-Me dice que no existe nadie con ese nombre. ¿Me da el ID?

-A-245.687.563 –recita Nelly de memoria, apelando a recordar correctamente el número.

- Nada, ¿está segura? Por nombre encuentro una Leticia González Miranda, Leticia González Peña, Leticia…

-¡Por la mierda mi hermana está desaparecida, anoche me robaron todas las pruebas de que existe ella, como no van a poder hacer algo! –grita Nelly, llamando la atención de toda la comisaría, incluyendo la de un hombre que estaba en el puesto número uno.

-Si quiere le digo a un comisario que vea su caso…

-Que vea la mierda que él quiera, fue un prefecto a mi casa y los maricones de mierda no fueron capaces de hacer nada… ¡nada! ¡Qué mira usted! –recrimina a una señora que observa alarmada desde una esquina-. Escucha tontita, ¡Leticia Ignacia González Carrasco! ¿¡Se te hace muy complicado de entender!?

-No voy a aceptar que me trate así, voy a tener que pedir que la saquen si continúa de esa forma. Voy a agendar su caso. ¿Tiene al menos una fotografía de su hermana?

-Te acabo de decir que robaron todo lo que era de ella, ¡TODO!

Nelly se levanta de la silla, con intención bota el vaso de agua que estaba sobre su escritorio y se precipita con velocidad a la salida.

-Metete en tu vida viejo verde –recrimina a un señor que observaba sorprendido la furia de Nelly.

El hombre del puesto número uno la toma del hombro, Nelly se da vuelta.

-¡¿Qué mierda quiere?!

-Estoy buscando lo mismo que usted, una desaparecida a la que acabaron con toda su información, el famoso caso de Ester Urrutia. Mi nombre es Alonso Fernández –dice él, extendiendo su mano-. Ex detective Alonso Fernández.

Int. Jaulas - 17:36 hrs.

Braulio, acompañado de otro guardia, abren la compuerta y se disponen a entrar. Cuando el guardia da el primer paso al interior, es sorprendido por Miguel, quien da un certero golpe en su cabeza con el bloque de cemento, abollando su cráneo y dejando un gran rastro de sangre. El bloque se parte en dos, el trozo que vuela en el aire cae de golpe al suelo, provocando un gran estruendo. Elena se precipita sobre la compuerta, y con ayuda de Oscar se dispone a cerrarla, confundido Braulio queda al centro, un pie en el pasillo y otro al interior, sin saber que hacer.

-¡Braulio corre, o quédate acá! -exclama Elena.

"La mente primitiva es lo más recóndito que tenemos cada uno de los seres humanos. Nuestros instintos se encuentran depositados allí, esperando por despertar y rugir, acabar con todo lo que tengamos a nuestro paso. Necesidades básicas que siempre bloqueamos, aislamos y relegamos a lugares inhóspitos de nuestro cerebro
Deja fluir la ira y la rabia, déjate poseer..."

Por la mente de Braulio pasaron esas líneas, él agacha la cabeza, y segundos antes que Miguel pudiera desfundar totalmente el arma del cadáver del guardia, éste toma del brazo a Elena, la empuja con fuerza contra la reja de la celda de Enriqueta y la apunta directamente en la cabeza.

-Necesito uno de ustedes para que me acompañe -espeta Braulio, mirando con atención la compuerta que estaba a medio abrir, sin dejar de apuntar a Elena.

-¡¿Qué haces?! -exclama la muchacha.

Estefanía y Miguel, que eran los que estaban fuera, se hacen a un lado, mientras que Oscar intenta dirigirse con lentitud a la salida de la compuerta.

-¡Suelta a mi hija desgraciado! -grita Karina-. ¡Déjala en paz! ¡Por favor!

-Él no va a disparar, no va a ser capaz -dice Oscar, intentando levantar la compuerta.

Braulio con rapidez cambia de lugar la mira y presiona el gatillo, perforando la pierna de Oscar, quien queda inmóvil de la impresión. Desde el exterior, Adela levanta la compuerta, mira con atención la excavación, el joven herido que estaba muy cerca de la salida de esa habitación y quienes habían escapado.

-Muy listos, me sorprendieron. Me presento, soy Adela -dice ella, con una sarcástica sonrisa en su rostro-. Antes que se infecte y nos metamos en problemas innecesarios, mi amor venga conmigo -toma del brazo a Oscar, quien se resiste.

-¡No se lleve a mi hermano! -exclama Estefanía, que se acerca a Adela para detenerla, pero Miguel es quien la toma de su polera y la para a ella-. ¡Suéltame!

-Muy inteligente usted -felicita Adela a Estefanía-. Braulio, mete a todos éstos en la jaula vacía, y permanecerás constantemente vigilándolos ¿Me escuchaste?

-A la orden Adela.

-Braulio dile la verdad. Sabemos que son asesinos, y Braulio fue quien me ayudó a escaparme -Elena se incorpora, pero el guardia la baja de un puñetazo en el rostro.

Adela mira con atención un par de segundos al guardia, luego saca a la rastra a Oscar, quien ya no opone resistencia y sólo se limita a llorar, mirando con acóngojo a su hermana, la cual derramaba su dolor forma de lágrimas sobre el hombro de su tío Miguel.

La habitación queda solitaria nuevamente. Braulio con su arma y todos los prisioneros confundidos, helados y enrabiados. La ceremonia recién comienza.

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