
Int. Jaulas - 00:36 horas
En la jaula de la familia Ramirez se turnaban con la microscópica excavación que realizaban en el cemento del piso. Con tenedor, Estefanía hacía el trabajo siguiendo con exactitud el cuadrado que habían seguido durante todo ese mes. A su lado, Miguel Ramirez supervisaba de reojo el trabajo de su ahijada. Enseguida, Karina conversaba animadamente con su hija Elena , su hijo Mauricio , su ahijado Oscar , y sus compañeros de la jaula de lado, la alegre Ester y el gracioso Jonathan. En la celda del frente, la anciana Enriqueta se limitaba a mirar sin decir palabra alguna, como lo había hecho todo ese mes. Su rostro lo cubría con algo de pelo y un parche que ya desgastado por el paso del tiempo, se encargaba de dar un aspecto todavía más tétrico a la mujer.
-Tío creo que ya está casi listo -dice Estefanía, raspando con tranquilidad la última línea del cemento.
-Procura que quede bien -espeta Miguel, algo impaciente.
A un lado comenta el resto del grupo.
-¿Y qué piensan hacer cuando terminen de hacer su hoyito? -pregunta con curiosidad Ester.
-Me imagino que escapar, mi reina -responde Jonathan, con tono de burla.
-La idea es que salgan uno o dos a tantear terreno, y luego escapar -responde Elena-. ¡Ojalá la vieja del frente no nos delate!
-Esa vieja es un vegetal, dudo que respire, demás es un adorno -dice Jonathan-. A lo mejor es un cartón pintado y nunca nos hemos dado cuenta.
-Oye y ¿qué pasa si cuando salgan, se dan cuenta que están metidos en una nave extraterrestre? -vuelve a preguntar Ester, esta vez con cierto tono de picardía-. O sea, ¡yo demás hago contacto del tercer tipo!
Jonathan no pudo evitar reír a carcajadas con ese comentario.
-¡Los marcianos llegaron ya! -canta el muchacho, aplaudiendo con burlas a su compañera de jaula.
-Oye, es una posibilidad -se defiende ella.
-Que tiene la misma probabilidad de que estemos en un sueño, o que sean fantasmas que nos penan, o incluso que estemos dentro de un reality show y no nos hayamos dado cuenta -dice Mauricio, con una sonrisa de cinismo que Karina notó.
-Yo creo que me devuelvo y les digo a todos -con compasión Karina responde a Ester-. Y preparamos un plan anti extraterrestres.
-Yo sería Fox Mulder -dice Jonathan, cruzando sus brazos y poniendo rostro de seriedad.
-¡Y yo Dana Scully! -exclama Ester, abrazando a su compañero.
-Oh si, y estamos que nos salvamos así -exclama con sarcasmo Mauricio.
-Ay que son mala onda -exclama Ester, algo amurrada-. Ya, si sé que estamos a merced de un grupo de psicópatas y que lo más probable que salga sin cabeza de acá, pero ni ahí ya… al menos tienen buen gusto.
El tema nuevamente salió a la luz, todos suspiraron y se miraron con nostalgia. Era más de un mes el que llevaban compartiendo días y noches, durmiendo en el frío cemento y buscando las más extrañas formas con las que divertirse, la que incluían molestar a la señora Enriqueta. Ester rompió el hielo de nuevo.
-Tengo sueño –dice ella, esperando alguna respuesta amigable.
-Yo también -responde Elena, con una sonrisa algo fingida.
-¡Terminé! -grita emocionada Estefanía.
Todos se dan vuelta a ver. Los hombres se acercan al cemento y se ponen a un lado. Miguel se encarga de pasar todo el tenedor por la orilla para soltar el cemento, luego lo da vuelta y lo vuelve a poner, para intentar levantar el trozo de concreto.
- Tírenle agua por la orilla -pide el hombre.
Oscar obedece y en un par de segundos ya estaba con sus manos colocando agua por la orilla. Con fuerza Miguel aumentaba el grosor de la abertura del lado que daba a la jaula, raspando siempre la orilla. Cuando estuvo algo más abierto, vuelve a insertar el tenedor y hacer palanca, esta vez la plancha se levanta un poco.
-¡Vamos papá! -exclama nerviosa Elena.
Miguel reitera por tercera vez la operación, cuando se levanta un poco Mauricio y Oscar por los lados sostienen a duras penas con sus dedos. Luego entre los tres levantan el trozo de concreto y lo sacan, dejándolo dentro de la jaula. Bajo él se descubre bastante tierra muy dura, que producía algo de barro con el agua, pero demoraba bastante en absorber el agua.
-Estefanía, tu eres la más delgada y alcanzas por ahí -ordena Miguel con autoritarismo.
-Tío... no sé si pueda -titubea ella.
-Yo lo hago papá, no se armen líos por tonteras -dice Elena, poniendo su cabeza dentro del canal que unía el interior de la jaula con el exterior.
-¡Esa es mi amiga! -exclama Ester.
Con dificultad Elena logra pasar la cabeza, luego el tronco y los brazos al otro lado. Ya con la mitad del cuerpo fuera el trabajo se hace más sencillo, y tan sólo luego de unos segundos ya estaba de pie en el exterior. Braulio, uno de los guardias, desde el exterior observa a la muchacha que había escapado.
-Haré como que no te vi -dice él, dando media vuelta y largándose.
-Gracias -responde ella, luego gira donde su familia-. Prometo volver ¿ok?
Miguel entrega el tenedor a su hija, quien lo toma como si fuera una potente arma. Elena sale de la habitación con sigilo, mirando con atención para ambos lados antes de emprender el paso.
Int. Habitación de Torturas - 01:10 hrs.
Leticia se pone de pie frente a un gran hombre, saca sorpresivamente una de las tijeras que había tomado y las entierra en los ojos de él.
- Nunca voy a ser como ustedes, ingenuo - exclama, escupiendo el pedazo de piel de Sofía que había comido. Luego saca otro par de tijeras y las entierra en el corazón del hombre una y otra vez, con furia - Muere mierda, sufre porquería, ¡Vete al infierno!
Los guardias corren y apuñalan por la espalda a la muchacha.
Leticia cae al suelo, mira a su alrededor confundida, ve a Felipe delante, el cual llora desconsolado sostenido por una extraña mujer.
- Me vengué, Francisco - son las últimas palabras que murmura ella, segundos antes de morir desangrada en la horrorosa habitación.
La mujer hace cariño a Felipe, lo toma en brazos y lo acerca allí.
- Limpien y lleven al refrigerador, hay que guardar todo esto - ordena ella, era Adela , la morena que aparecía torturada en el primer video. Luego se dirige al niño - Pequeño Felipe, esto tienes que hacer cuando seas grande ¿Ya? En tus manos está Abaste, en tus manos y en tus instintos.
Corta un trozo de piel de Leticia y lo come, le pasa otro a Felipe, el cual lo degusta sin poner problemas.
- ¿Qué tal Felipito? - pregunta Adela, en tono maternal.
- Me gusta tía - dice el pequeño, saboreándolo - Me gusta mucho.
- No me digas tía, desde ahora me llamarás Mamá - pide ella.
- Me gusta mucho.... mamá - dice Felipe, abrazando a su nueva madre. Ella lo abraza también, y mira como sus guardias limpiaban todo, con una gran sonrisa en su rostro.
Por la puerta entra corriendo Carol López, la cual al ver el cadáver destrozado de Tatiana, cuyo único rasgo reconocible era su inconfundible cabellera rubia cubierta de sangre, se larga a llorar muy descontrolada, pateando con furia las mesas llenas de elementos de tortura.
-¡Adela esto es tú culpa! -grita la muchacha, confundida-. Tú fallaste.
-Mi niña usted no puede estar acá, las salas de clases quedan...
Adela no pudo terminar de hablar, Carol la detiene con una fuerte cachetada.
-Tú no me levantas la mano, estúpida -Adela exclama molesta, pero sin perder sus estribos.
Se acerca al mesón, toma un mazo cubierto de alambres de púas y se acerca con él a Carol hasta quedar a no más de un metro de ella. Toma el artefacto y da un fuerte golpe en uno de sus brazos a la muchacha, haciendo que ésta grite del dolor y caiga al suelo, llorando con rabia y desconsuelo.
-Tu hermana fue la que cometió errores, yo no -aclara Adela, con mucha frialdad en su tono de voz-. Ahora vuelve al salón.
-Como usted diga -dice Carol, levantándose con dificultad del suelo, cubriendo el rostro con su larga cabellera negra.
-Espera, espera -Adela detiene a la muchacha-. Antes, hazme un favor, ¿puedes cortar el brazo de esa muchacha que está tirada allí?
Adela indica el cadáver de Leticia, que de todos era el más reconocible.
Int. Pasillo 4 - 01:15 hrs.
Elena observa todo desde el pasillo que da justo a la puerta de la habitación donde está Adela y Carol. Escondida tras un pilar oxidado, le dan náuseas en el momento que Carol corta con un cuchillo el brazo de Leticia, desgarrando con torpeza el hombro para su propósito. Una mano se pone sobre el hombro de Elena, que asustada da media vuelta apuntando el tenedor a la pierna de esa persona... era Braulio.
-Ándate que te van a pillar -dice él.
-¿Por qué no me contaste a lo que se dedicaban? -recrimina angustiada la muchacha.
Braulio no responde.
-Veo como han matado no se a cuantos ahí dentro, ¡y ahora para variar le corta el brazo! -exclama con asco Elena-. ¿Por qué Braulio?
-No te muevas -murmura él.
Adela mira hacia ese sector, Braulio al verla sigue caminando hacia adelante muy seguro de sí mismo.
-Adela ¿puedo hablar con usted? -pregunta Braulio desde la puerta.
Int. Habitación de Torturas - 01:18 hrs.
-Por supuesto -dice Adela, con tranquilidad.
Braulio entra a la habitación, da media vuelta y se pone en un lugar lo suficiente lejano de la puerta, para desviar la mirada de Adela. Al lado del mesón, Carol luchaba con rabia contra los cartílagos de brazo inerte de Leticia, cortando con furia y perseverancia.
-Es sobre mi ascenso -dice él, algo titubeante-. Usted dijo...
-Sí Braulio, quiero que sepas -Adela se acerca al muchacho, pone su brazo sobre el hombro de él en señal de confianza-. Que te tengo súper bien considerado dentro del equipo de guardias para llegar a ser parte de nuestra sociedad. Has sido uno de los más fieles y cumplidores, y créeme que eso no lo olvido fácilmente.
-Gracias Adela, usted es muy buena -dice él, agachando la cabeza.
-Cuando Dios quiera que avances, lo haremos.
-¡Adela terminé! -exclama con emoción, sosteniendo con una de sus manos el brazo al que le escurría la sangre con facilidad.
-Déjalo encima mi niña, y vaya a su habitación no más.
Braulio camina rumbo a la puerta, echa un vistazo hacia el exterior, Elena ya no estaba. Con violencia arriba a la habitación Aníbal , quien se acerca inmediatamente a Felipe que estaba sentado junto al cuerpo de Leticia, lo toma en brazos y lo pone en la puerta.
-Braulio, encárgate de dejar al niño en alguna habitación. El resto de los guardias ¡salgan ahora! -ordena el hombre-. Tú y yo vamos a hablar, Adelita.
-Imbécil, estoy limpiando aún -exclama Adela.
Aníbal la agarra del pelo y la lanza con furia al suelo, sobre el cadáver de Leticia, que ya era un montón de sangre y moscas que rondaban por su alrededor.
-¿Qué mierda pasó con Tatiana? ¿Por qué llegamos a esta carnicería? ¡Perdimos hombres, estúpida! -Aníbal vuelve a tomarla del pelo y levantarla a la fuerza-. Sabía que ese tal Bastián no iba a funcionar. ¡Ramsés está muerto!
-No es mi culpa, idiota. Tatiana se encargó de todo lo que pasó en la cabaña esa, a mí me dejó la misión del niño solamente.
-Me sirven la mitad de estos cuerpos, míralos -Aníbal empuja el rostro de Adela y lo pone sobre las heridas de cuchilla de Leticia-. Están pésimamente mal cuidados, ¡un desastre!
-Sabía que tú tenías la culpa de lo de mi hermana -recrimina Carol-. Ella planeó esto con mucho cuidado.
-Tu sola vas a ordenar todo esto, ¿me escuchaste? -ordena Aníbal, Adela no dice nada-. ¡Me escuchaste perra!
-¡Sí imbécil!
Flashback, Int - Negocio de Insumos médicos - día
Mario está sentado, esperando algún cliente, cuando la puerta se abre. Entra Tatiana acompañada de Aníbal, de la puerta de vidrio se ve una silueta femenina, pero no se logra distinguir más allá de eso.
-Don Mario, un gusto -dice Anibal, extendiendo su mano-. Soy Aníbal McLawry, dueño de la empresa donde Tatiana es mi brazo derecho.
-Mucho gusto, Mario Torrealba -dice él.
-Mario, andamos apurados -dice Tatiana.
Aníbal abre su maletín y saca un cheque, que venía con una cantidad con varios ceros, a nombre de Mario Torrealba. Lo entrega en sus manos y luego lo toma del brazo y lo acerca, amenazante.
-Un mes para pagar, ni un día más -ordena el hombre furibundo-. No suelo hacer caridad.
-No se preocupe -responde Mario, algo sorprendido.
Aníbal da media vuelta, Tatiana aprovecha ese instante y lanza un beso, y moviendo sus labios dice "cuídate". Ambos cierran la puerta.
-No tenías que ser así de violento -dice Tatiana, desde el exterior.
-Éste es un idiota, déjalo -dice la voz de la otra mujer, Adela.
Int. Living casa de Leticia - 01:17 hrs.
Nelly y su madre Inés están sentadas en el gran sofá marrón, viendo en la televisión el reality show "Perdidos en el Congo". En el instante que anuncian la pausa comercial, Nelly hace uso del control remoto y baja el volumen.
-Le tengo una sorpresa a la Leti para cuando vuelva -dice ella, tomando un sobre que había depositado sobre la mesa de centro-. Mira.
Nelly entrega el sobre a su madre.
-¿Pasajes? ¡Invítame a mí también en ese caso!
La electricidad de toda la casa se corta, dejando en penumbras a ambas mujeres, sentadas en el sofá.
-¡Me voy a perder el eliminado de hoy! -exclama Nelly molesta, levantándose del asiento y observando por la ventana el exterior-. Fue un corte acá no más, el resto está con luz.
Súbitamente, la puerta de la entrada es forcejeada desde el exterior, una serie de instrumentos metálicos suenan, intentaban abrir la cerradura. La madre de Leticia se pone muy nerviosa, se levanta y se acerca a su hija, quien estaba intentando usar el teléfono, pero con inutilidad, estaba cortado.
-¿Mamá donde está tu celular? -pregunta Nelly-. El mío está en el auto, maldición.
-En mi velador.
Nelly suelta a su madre y corre, en búsqueda de las escaleras que la lleven al segundo piso. Inés se apresura en seguir a su hija, cuando la puerta se abre de golpe y dos hombres ingresan, abalanzándose sobre ella e inyectándole con una pistola a distancia un dardo que dio en su cuello. La mujer da dos vueltas algo confundida y luego se desploma en el suelo.
Uno de los encapuchados sube por las escaleras, mientras que el otro toma una fotografía de la pared donde salía Leticia, Nelly y su madre, la abre con gran habilidad, quita la foto anterior y en su lugar pone otra, donde salía sólo Inés y su hija mayor. Pone el vidrio y la cuelga.
Int. Dormitorio principal - Casa de Leticia - 01:21 hrs.
Nelly se precipita sobre el velador de su madre, abre el único cajón que tenía y saca el teléfono móvil. Deja presionado el botón 9, el que comunica directamente con emergencias, pero siente que algo se le entierra en su pierna. Reiterativamente, un dardo da en su cuello, provocándole un sueño casi instantáneo. El encapuchado que estaba en la puerta, se acerca al teléfono y lo corta.
Int. Jaulas - 01:22 hrs.
Elena entra corriendo a la habitación - cárcel, con el rostro desfigurado del horror, tiritando y llorando. Su padre quita con más habilidad que antes la pieza de concreto, la muchacha entra desesperada al interior y abraza a su madre, llorando.
-¿Qué pasó? -pregunta con curiosidad Ester-. No creo que hayas visto a los marcianos porque...
Jonathan le da un codazo a su compañera para que se calle. Estefanía pone su mano sobre el hombro de su prima, en señal de apoyo.
-Estamos perdidos, estamos perdidos -balbucea shockeada Elena-. Son un montón de enfermos.
-¡¿Qué viste?! -Mauricio de los nervios zamarrea a su hermana.
-Son asesinos, muy sádicos -dice Ester, alarmada-. Son asquerosos... estaba lleno de cadáveres destrozados, mínimo cinco, y una tipa que nunca había visto en mi vida cortaba el brazo de una chica que vi como la mataban, ¡lo vi! Estoy segura que era una de las secuestradas, por como se portó en esos segundos, totalmente segura.
-¿Alguien conocido? -pregunta Mauricio.
-Braulio -responde ella, largándose a llorar-. Él sabía todo, y no nos dijo nada.
-O sea, ¿nos van a destrozar y sacar las tripas? -Estefanía preguntó, e hizo una señal de náuseas en ese instante.
-Sí -responde Braulio desde la puerta-. Son asesinos ¡Lo siento, no podía decirles eso, me arriesgaba a que me echaran! ¿Entienden? Cada vez que les hablo me estoy jugando mi vida, y lamentablemente me encariñé demasiado con ustedes, sobre todo contigo Elena -agacha la cabeza y su garganta se aprieta-. Disculpen si no pude ser todo lo honesto que querían. ¡Además no servía de nada!
-¿Y tú también te dedicas a trozar personas? -pregunta curiosa Karina-. ¿Te gusta? ¡Eres un cerdo!
-No. Soy un guardia, no soy parte de ellos, todavía. Aunque por salvarle el pellejo a Elenita, quizás tenga que serlo.
-¿Te dan una muerte rápida al menos? -pregunta con curiosidad y resignación Ester.
-No -responde Braulio-. O sea no sé, pero hay tanto grito que dudo que sea así. Insisto que yo no tengo mucho que ver con ellos. No tengo claro ni siquiera porqué lo hacen, pero sospecho que rinden culto a algo o alguien, siempre que llega un hombre medio extraño mandan a los guardias a proteger afuera, es excesivo el respeto que le tienen.
-¿Y por qué no renuncias? ¿Cómo mierda llegaste a trabajar para ellos? ¡Ah! -pregunta Miguel con agresividad.
-No renuncio porque me matarían y necesito el dinero, de hecho a mí no me llega nada, todo es para mi mamá que está postrada en una cama. Y cómo llegué a trabajar, ellos mismos te buscan, ¡saben tooooda tu vida! Y tienen claro que nunca le dirán que no, por temor y por necesidad.
-¿Y hay alguna salida cercana? -pregunta Elena-. ¿Podemos escapar?
-Si llegan a la puerta los van a capturar y disparar en sus piernas, de forma que no mueran, esas son las instrucciones.
-¿Y qué haremos? -pregunta Oscar.
Todos quedaron el silencio.
-Yo creo que es mejor comenzar a preguntarse, ¿por qué ustedes? -exclama Braulio, con malicia-. Porque, lamento decirles, que todos los que llegaron desde el mes pasado, no están porque sí, los anteriores que han estado acá eran vagabundos, ustedes son una familia, personas de verdad y que tienen vida, relaciones. No se como ni que harán, pero otro de los guardias me contó que dejaron de optar por desconocidos y están trayendo gente por sus propias razones. Permiso.
-¿Por qué nosotros? -deja la pregunta abierta Karina.
Int. Pasillo 2 - 01: 26 hrs.
Braulio camina erguido por el pasillo, cuando choca con el hombro de Carol, quien cae a la pared y queda cabizbaja mirando el suelo, con su cabellera cubriendo su demacrada expresión.
-¿Te ayudo? -pregunta él
-Estoy bien, vete -ordena ella.
-Uy que simpática -el sarcasmo de Braulio molesta a Carol.
Carol se pone de pie nuevamente y muy abrumada sigue su paso apoyada entre ambas paredes del pasillo, con el rostro descompuesto y la mirada nublada. Llena de frustración, tristeza y rabia, pasa delante de la puerta de las celdas, que Braulio había procurado dejar cerrada. Sigue su camino hasta encontrarse con la puerta donde están los hospedados al interior del lugar, posa su temblorosa mano sobre la manilla y la gira. Antes de abrir la puerta da media vuelta y se pone frente a la otra habitación.
Flashback. Int. - Habitación de torturas 2 - día
Tatiana toma entre sus manos un martillo y lo pone sobre la cabeza de un hombre que tiene el rostro con marcas y sangre. A su lado, Carol observa con morbosidad lo que hace su hermana
-Una vez que pases todo podrás hacer ésto. Es parte de nuestros instintos -Tatiana da un golpe en uno de los hombros del hombre, el que pega un grito del dolor, que es tapado por una mordaza que le impide hablar-. Hay que botar toda la rabia que se va acumulando en nuestras venas, el animal deseoso de acabar con todo que llevamos dentro. Pero para eso, deberás volverte una muchachita aplicada y esforzada.
-No me digas muchachita, que ya estoy bastante grande -exclama Carol, disfrutando cada vez más el sufrimiento de aquel hombre-. Córtale una oreja con esas tijeras.
-Eso lo harás tú, cuando estés lista en tu entrenamiento -Tatiana da otro golpe al hombre.
Int. Habitación de torturas 2 - 01:29 hrs.
Carol entra al lugar sigilosamente, observa con atención que no haya gente al interior. Camina, acercándose a la cortina de plástico que funcionaba como biombo para dividir entre los materiales y lo que llamaban la "silla de operaciones". Cruza el nylon blanco cubierto de sangre seca y se encuentra con una mujer joven de pelo corto, amordazada y bien amarrada como todos los que eran usados para esos propósitos. Colgado hay un aviso de papel que dice "Debe durar por lo menos 5 días, vamos en el día 3", el número final estaba rayado dos veces. La prisionera dormía, tenía los brazos quemados y el hombro derecho cubierto con un rútico parche que ocultaba una horrible herida que habían proporcionado días atrás con un soplete.
Perturbada por la muerte de su hermana, pasaban por su mente imágenes de la niñez, adolescencia y el momento en que Tatiana la llevó a Abaste como regalo de cumpleaños. Cuanto la odiaba por eso, pero también cómo la quería, sus lágrimas reflejaban la mezcla de sentimientos que erizaban su piel y hacían fluir cada vez más los instintos más primitivos de Carol, los que todavía aprendía a liberar en las clases. Toma una tijera, la misma con la que había pedido a Tatiana que cortara a aquel hombre, la abre con fuerza y la pone tras la oreja de la muchacha. Ella despierta de golpe, al sentir el arma tras su cabeza, se mueve de un lado para otro pero Carol la toma del pelo y la deja quieta, luego cierra las tijeras con frialdad una y otra vez, en un sonido reiterativo de carne y cartílagos que crujían, sangre que se derramaba al suelo y gritos ahogados por la mordaza de aquella prisionera.
Repentinamente suena una alarma, de la impresión Carol deja caer al suelo las tijeras. Luego toma uno de los parches que habían, algo de cinta adhesiva y cubre la zona lastimada de la joven, empapando inmediatamente la tela en sangre. Confundida, López lanza gotas de alcohol sobre la herida y luego da media vuelta.
-¡Llegó Dios! -se escucha en el exterior gritar a Adela-. ¡Salgan todos!
Int. Jaulas – 01:36 hrs.
Aníbal abre las compuertas de la habitación-cárcel, da un par de pasos y sin decir palabra alguna abre la reja donde están los Ramírez. Saca un arma y apunta al interior. La familia consternada se refugia al fondo.
-Todos juntos en esto –dice Miguel.
Mauricio y su padre comandaban el grupo que se presionaba en el fondo. Aníbal entró y se acercó a la familia.
-Necesito a uno de ustedes –dice él, sin dejar de apuntar.
Aníbal toma del brazo a Mauricio y lo jala hacia sí mismo, Miguel intenta tirar pero Aníbal con gran habilidad pega un tiro en su mano derecha, el que roza la palma, lanzando algo de piel y sangre sobre Karina que estaba detrás y dejando entrever parte del hueso. Mauricio hace fuerzas para zafarse, pero Aníbal le da un balazo en el pie.
-¡No se lo lleve! –suplica Karina, abrazada a su marido.
-¡Mi hermano no! –exclama Elena, intentando salir de la aglomeración–. Mauro…
Mauricio se larga a llorar mientras es arrastrado por Aníbal. Éste cierra la jaula y arrastra el cuerpo del joven al exterior, el que se deshacía entre lágrimas y gemidos de dolor.
-¡No les hice nada! –balbucea -. ¡Somos inocentes por la mierda!
-No tenemos opción –dice Elena, acongojada y confundida-. ¡Nada más que esperar a que nos maten!
Int. Pasillo 2 - 01:41 hrs.
Carol sale de la puerta y se encuentra de frente con Adela, que la toma del brazo y la corre.
-¿Qué mierda hacías así? -pregunta ella, tomando las dos manos cubiertas de sangre de la muchacha-. ¡Esa habitación no es para ti! No abuses de tu parentesco con Tatiana, al final ella está muerta.
Carol pasa sus manos sobre el rostro de Adela, luego la escupe. El pasillo se comienza a llenar de gente, el murmullo es gigante. Braulio se pone en la puerta de la celda de los Ramirez, y escruta con incredulidad el rostro de lo que parecía ser gente que jamás había visto. Una mujer con guantes quirúrgicos, un hombre negro vestido de frac, una anciana en silla de ruedas de apariencia disgustante, y así decenas de identidades que para él eran desconocidas.
Aníbal espera al final del pasillo, a su lado un guardia sostiene a Mauricio de un palo de madera que atraviesa parte de la piel de la espalda para mantenerlo erguido.
Dios entra por la puerta del fondo, un hombre adulto con una sonrisa pérfida y un perfil extravagante. Con sus dos brazos en alto va saludando a quienes se arrodillan a su lado. Tenía colgado un collar con un hueso el que tocaba constantemente con su mano derecha.
Aníbal hace una reverencia, luego se persigna haciendo una cruz invertida en su torso. Desenfunda un cuchillo, con el que abre entre gritos de dolor, el estómago de Mauricio, cayendo junto con eso sangre, piel y algunos órganos que pasó a llevar. El hombre pone su mano entre las vísceras de Mauro, que aún daba señales de vida, saca el hígado con ayuda de la cuchilla y lo pone dentro de una sábana blanca. Se acerca a Dios y le hace entrega de órgano, arrodillado.
Dios recibe el regalo, lo huele y luego lame con gran placer y agrado. Prosigue caminando hasta cuando estuvo un par de pasos de Braulio, quien aguantaba las ganas de vomitar, el hombre da media vuelta y habla.
-¡Mañana es el día que nuestros nuevos miembros verán la luz de nuestras enseñanzas! Mañana pasarán de ser simples seres humanos -hace una pausa "Dios"-. Y llegarán a ser seres superiores, como todos nosotros. Todos pasamos por la iniciación, y mañana será el día en que ellos -Indica con sus manos al grupo de seis estudiantes que cabizbajos esperaban las órdenes de Dios-. Pasarán a ser parte de Abaste, nuestra gran familia. Felicidades.
Todos aplauden con efervescencia y emoción, todos menos Carol y Braulio, cuyas miradas de culpabilidad se cruzaron durante dos eternos segundos, los suficientes para entender que, por uno u otro motivo, no les interesaban las palabras de aquel supuesto hombre divino.

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