
Ext. Calle desconocida – Día
Un hombre alto y corpulento, sosteniendo con fiereza en una de sus manos un gran bate de madera, espera impaciente. Mira constantemente el reloj que sobresale bajo la manga de reojo, escupiendo un par de veces de la ansiedad. Por el silencioso callejón entra una camioneta blanca con un pequeño container detrás. Se detiene de golpe, del puesto del conductor baja una mujer muy bien vestida y sonriente, la que se acerca con una planilla en una de sus manos. Era la supuesta “madre de Almendra”, a quien en una de sus piernas le colgaba una identificación que la designaba como Ángela Toro.
-Discúlpeme –dice la mujer, con un amable tono de voz-. Es que me encontré con las calles llenas de autos, usted sabe… semáforos, bocinas…
-Sí sí, lo de siempre –responde el hombre, con un claro sarcasmo-. ¿Trae mi pedido?
-Por supuesto, ¿trajo el cheque?
El hombre saca de uno de sus bolsillos un cheque y lo entrega a la mujer, la que anota con paciencia varios datos en la planilla. Luego le hace señas con las manos para que lo siga, abre el container y deja ver un grupo de humanos primitivos, desprolijos de ropas, que interactuaban entre sí con fuertes graznidos y gritos.
-Dijo vivo, ¿cierto?
-Sí.
La mujer abre la rejilla, y el hombre tira del brazo de uno de los humanos, en este caso una muchacha joven que desconcertada miraba de un lado para otro, con su cuello encorvado y mirada perdida. Ángela da un electroshock con un pequeño aparato para calmar a la joven primitiva, luego da media vuelta e ingresa en la camioneta sin despedirse. “No me voy a despedir de ese orangután”, dice para sí misma, poniendo la reversa y marchándose con gran velocidad. El hombre tironeó del pelo a la muchacha, lanzándola con fuerza al suelo, luego le toma un pie y la arrastra sin piedad, rasmillando reiterativamente sus manos, pechos y estómago con el duro concreto, dejando un rastro de sangre marcado en todo el pavimento. A pesar de los gritos de ella, él no se detuvo.
Int. Habitación Desconocida – Día
El hombre transporta a la muchacha, esta vez en brazos, por un largo pasillo que termina en una habitación de piedra, bastante amplia, rodeada de pequeñas velas que iluminaban tenuemente el lugar. Otros dos se acercaron y contemplaron a la muchacha, que fue puesta al centro, recostada y atada de pies y manos. Confundida ella grita y patealea con total inutilidad, las cadenas resuenan en las paredes haciendo un eco que inunda de horror la escalofriante habitación.
-¿No habla cierto? –pregunta uno de ellos.
-No, apenas grita y gime como estúpida –responde el hombre que la trajo.
-Parto yo –dice la tercera, una muje.
Toma en sus manos un tenedor y un cuchillo, los que deja caer sobre una de las piernas de la muchacha, provocando un grito aún mayor a los anteriores. Calmada corta algo de la piel, cercenando el muslo entre sangre y trozos de carne que iban moliéndose con el paso del filo en el cuerpo de la primitiva humana. Cuando alcanza el músculo, desgarra con ayuda de ambos instrumentos hasta cortar un trozo de carne que goteaba incesantemente sangre.
-¡Esto es por todos! –dice la mujer, antes de mascar el trozo con fiereza.
Otro de los hombres se acerca, esta vez con un cuchillo grande, con el que desgarra el brazo sacando una lonja alargada de piel, dejando en el camino un rastro de venas, nervios y sangre que caía a borbotones, sobre todo de una arteria a medio cortar que chorreaba con fuerza el rojo líquido que caía al mesón y luego al suelo.
Int. Living casa de Nelly – 11:40 hrs.
Nelly entra de improviso al lugar, empujando con ello a un policía que buscaba pistas. Alonso se acerca, tomando el brazo del hombre y haciendo una señal de disculpas con la cabeza.
-Es la hija, entienda –dice él.
-Está bien –se resigna el policía, volviendo a su labor.
Quien parecía la jefa del recinto se acerca y da la mano a Nelly. La comisario Lobos dice su identificación, acercándose al cuerpo sin vida de la madre.
-Lo siento mucho señorita Nelly.
-Dígame que fue lo que pasó –Nelly intenta guardar la compostura, guardando las lágrimas que brotaban al ver el cuerpo sin vida de su mamá.
Alonso se acerca por la espalda y abraza a Nelly. Reconoce a la comisario y la saluda con señas.
-Posible suicidio –dice-. La encontramos ahorcada, habría amarrado un cordel a los cables que descienden del techo para la lámpara de este living. Digo posible porque -toma uno de los brazos de Inés, en el que había un desgarro de carne-… no se pudo encontrar el otro trozo. Según los peritos… -hace una pausa, traga algo de saliva antes de proseguir-, alguien lo desgarró con los dientes.
Nelly no pudo contener la ira, dolor y todos los sentimientos que la atormentaban, se abrazó fuerte a Alonso.
-Es mi culpa, yo la traje a esto… no era necesario. Nos estamos metiendo donde no es, yo la llevé a su muerte –desahogó Nelly, llorando con rabia-. ¿Quién puede tener la mente tan enferma? ¡¿Quién?!
-¿Tiene alguna idea, Nelly? –pregunta Lobos.
-Katherine, estamos siguiendo un rastro. El mismo rastro que me sacó de la policía, el que nuestros jefes se niegan a creer.
Katherine Lobos toma algo de aire, luego toma del brazo a Alonso y lo guía a un costado, lejos del resto del equipo, Nelly les sigue.
-¿Sigues creyendo lo mismo? La familia fantasma y todo eso… Ester.
-Mi hermana –interrumpe Nelly-. Leticia González, pregúntele a cualquier compañero de ella del colegio, todos la conocen. Ella desapareció hace poco, figura como “no existente” en los datos de la oficina de registro igual que los de esa familia. ¿Qué son todos los recuerdos que tengo de Leti? ¿Mentiras?
-Pero…. –intenta decir Lobos.
-Entraron a mi casa, forcejearon la puerta, se llevaron todos los recuerdos de Leticia, incluyendo una foto que está en la pared –señala una de las paredes de la casa-. La cambiaron por una donde salgo sólo mi madre y yo… saben trabajar, y tienen el suficiente poder como para callar a la policía. ¿Se pueden buscar huellas?
-De poder puedo, pero sin que ellos se enteren –dice Lobos, mirando de reojo a Alonso-. Voy a confiar en ustedes. Voy a jugar con fuego, pero deben prometerme que van a guardar silencio respecto a mi participación. Tenemos una sola pista, además de la información que me diste, que es clara…
-¿Cuál? –pregunta Alonso.
-Son un grupo de caníbales –responde Katherine-. Prometo volver por las huellas, me vas a tener que dejar las llaves eso sí. Y prometo ahondar por el asuntito del canibalismo, es mi única arma para poder sumar más policías. Si digo cualquier cosa de los secuestros van a anular el caso. ¿Estamos?
-Estamos –dice Nelly, estirando la mano y estrechándola con la de Lobos.
Int. Jaulas – 11:40 hrs.
Karina sostiene la mano de su marido, mirando como lentamente va perdiendo el conocimiento. El brazo no sangraba pero sí estaba en muy mal estado, la fiebre se había acrecentado y su respiración era cada vez más lenta y dificultosa. Su conocimiento médico no indicaba otra cosa más que estaba por morir, si no hacía algo iba a perder a su marido en sus narices. Ya era sorprendente que hubiera soportado más de media hora en ese estado, eso le tranquilizaba algo.
-Amor, no me dejes por favor –dice entre lágrimas Karina, acariciando la mano de su esposo-. Te amo.
Una lágrima rueda por el rostro demacrado de Miguel. Luego de eso da un último respiro y cierra los ojos, bajando el cuello y perdiéndose en la muerte que tan cercana estaba. Karina sin soltar la inerte mano de su marido, llora con más calma pero todavía con gran angustia.
-Ahora estarás tranquilito con Mauricio –murmuró acongojada-. Que acabe pronto esto por favor Miguel, danos fuerza para soportar. Hijo… ayúdame.
Estefanía miraba desde el frente con los ojos llenos de lágrimas. Por su mente pasan los recuerdos de Oscar, su hermano, como ella también perdió a su único ser querido en ese lugar y como ahora solidarizaba con el dolor su tía y madrina.
La puerta se abre de golpe como suele suceder. Entra Aníbal, el que trae sostenida de un brazo a Elena.
-¡Elena! –exclama Karina con felicidad.
La muchacha al ver el cuerpo sin vida de su padre se larga a llorar incontrolablemente, dando patadas reiterativas a Aníbal, el que atinó a empujarla a las rejas. Luego le da un manotazo en la cara, aumentando todavía más las cicatrices del que era un perfecto rostro.
Hace su entrada Dios, el que abre sus manos pidiendo respeto a su presencia. Atado a una cadena trae consigo a Braulio, el que mira confundido de un lado a otro. Karina le observa con desprecio.
-Mamá, gracias a él sigo viva –corrige Elena, al ver el rostro de su madre.
Karina baja su mirada y luego agradece diciendo “gracias” con los labios.
-¡Silencio! ¡Dios está aquí! –dice ególatramente el líder-. ¡Aníbal! ¡Llévese a la niña de acá, a la sala cuatro!
-¿Qué hago con Carol? –pregunta muy formalmente Aníbal.
-Ya aparecerá, cuando lo haga… procure que sufra.
-¡Mamá te quiero! ¡Voy a estar bien lo prometo! –grita Elena, mientras Aníbal la saca a la fuerza de la habitación-cárcel-. ¡Braulio gracias!
-¡Hija no! –grita Karina con impotencia.
Dios abre la jaula donde yace el cuerpo inerte de Miguel, hace ingreso triunfal, quitando una capa blanca que le cubría y lanzándola al suelo.
-Está fresco todavía –dice, pasando la lengua por sus labios.
-¡Qué va a hacer! –pregunta Estefanía.
-Cubran sus ojos –pide Braulio-. No van a querer ver lo que hacen.
Dios toma el brazo que Karina todavía sostenía, se agacha, acerca sus dientes y desgarra un trozo de piel sin mayor piedad, masticándolo luego con lentitud y gozo. Karina mira helada la escena, sin saber que hacer o decir.
-¡Enfermos! –grita la mujer.
Dios sale de la jaula sin decir nada. Luego toma a Braulio y lo encierra junto al cadáver de Miguel.
-En una de esas te bajan los instintos caníbales –dice Dios, cerrando con un candado diferente al que estaba la jaula-. Yo me encargaré de ti esta vez… personalmente.
-¡Viejo asqueroso! –grita Estefanía-. ¡Comen humanos! ¡Como no te das cuenta! ¡Cerdo!
-Con permiso –dice él, mostrando su asquerosa dentadura a la muchacha.
-Braulio, quiero que por primera vez nos hables con la verdad –dice Karina, sacando nuevas fuerzas para luchar por su hija.
-Eso haré
Int. Habitación de lujo – 11:57 hrs.
Aníbal abre la habitación. En el lugar Jonathan y Ester bebían a destajo, con un claro estado de borrachera. Suelta a Elena y la empuja al interior, luego cierra la puerta con un fuerte golpe que provoca que una de las copas oscile hasta caer en el suelo y quebrarse.
-¡Elena! ¡Amiga! –grita con felicidad Ester, modulando a medias-. ¡Ven acá a beber con nosotros!
-¿Qué es esto? –pregunta Elena, confundida.
-¡Elenita, eso no se pregunta! ¡Ven a comer, beber, todo!
Elena desvía su vista al lujoso baño, luego observa la comida, a pesar de que Jonathan y Ester habían arrasado con la mayoría, todavía quedaba bastante. Decidió caminar hacia la mesa y llenar por primera vez luego de más de un mes su estómago con algo consistente.
Int. Laboratorio – 12:10 hrs.
Adela está vestida con un delantal blanco, dando vueltas de un lado a otro. En el centro el pequeño Felipe está encerrado dentro de una caja de cristal, con un tubo de oxígeno conectado a su nariz para respirar. También tiene dos agujas, una en cada brazo, que funcionan para inyectar algunas muestras.
La puerta se abre, entra un guardia con un pequeño del la mano. Felipe.
-Saluda a tu hermanito –dice Adela, con una gran sonrisa en el rostro-. Te presento a Felipito segundo.
Felipe se acerca confundido, mira al clon, idéntico a él, que yacía dormido, algo más pequeño de tamaño pero igual al fin y al cabo.
-Hola… hermanito –dice el pequeño.
Int. Jaulas – 12:10 hrs.
Karina está apoyada en los barrotes, en la celda del frente Estefanía escucha sentada lo que Braulio decía.
-Eso es todo –dice Braulio, terminando de contar la historia-. Así llegué acá, lo único que espero es que mi madre esté bien.
-Estará bien, lo sé –dice Karina-. La van a necesitar por si intentas escapar de nuevo.
-Tengo algo que decirles… algo más –dice Braulio. Mete la mano al bolsillo y saca un manojo de llaves-. Olvidaron esto.
-¡¿Qué?! ¡Entrégalas! –exclama Estefanía.
-Van a tener que esperar –dice Braulio.
-¿Por qué? –pregunta Karina.
-Confíen en mí.
Int. Living de la casa de Nelly – 12:25 hrs.
El salón ya estaba casi vacío. El cuerpo de Inés había sido recogido por orden de Katherine Lobos, estaba cubierto por una bolsa azul para guardar cadáveres. Dos peritos recopilaban huellas y pistas. A un lado, junto a la mesa del comedor, Nelly sirve una taza de te a Lobos y Alonso.
-Así que lograron encontrar a alguien para quien trabajaban. No me parece que la hayan dejado escapar, pero entiendo que no hayan podido hacer más –dice Lobos, bebiendo un sorbo de té caliente que puso sus mejillas rojas en un par de segundos-. Tengo la idea de que estaríamos buscando –lo de “estaríamos” sacó una sonrisa cómplice a Alonso-… a una banda muy organizada, probablemente con dinero y poder. Lo del canibalismo es una gran pista, se descarta que hayan sido perros los que mordieron, el análisis de ADN va a ser complicado porque se encargaron de quemar algo de la piel que quedó allí. Además que no aseguramos mucho con lo genético, si son capaces de borrar gente de la oficina de identificación, pueden mucho más…
-Tenemos el dato de la casa de Ester, allá vive gente supuestamente, quizás ellos sepan algo –dice Alonso.
-Prefiero seguir a quien entregó el dinero a esa… ¿Almendra?
-Si es que lo volvemos a encontrar –acota Nelly-. ¿Qué hacemos por mientras?
-Ustedes pueden ir a ver si encuentran algo en la casa de Ester. Yo moveré mis redes buscando sociedades caníbales, no creo que se me haga muy difícil encontrar algo.
-¿Y por qué nunca las buscan antes, y esperan a que ocurran las cosas? –pregunta con curiosidad Nelly.
-Por lo mismo que ustedes recién buscan ahora. Hay poder allí arriba, son capaces de hacer desaparecer ciudades completas si es necesario. Son cosas que mueven muchos millones, quizás más que una multitienda de ropa o que se yo. He investigado mucho el tema, Alonso lo sabe y por eso contó todo esto… me conoce lo suficiente como para predecir mi reacción. La gente poderosa le teme a una sola cosa… el escándalo público. TENEMOS que llegar al lugar donde residen y hacen sus fechorías, capturarlos con las manos en la masa. Me convencieron, voy a ayudar.
Int. Pasillos – 12:30 hrs.
Carol camina con dudas por el lugar. Cautelosa, observa con atención que hay tras sus espaldas, luego escruta hacia delante, mirando que nadie le siga. Prófuga en un lugar sin salida, era perfecto para su penoso estado en Abaste, de seguro la matarían.
Llega a una pared. La toca con cuidado.
Flashback. Int. Pasillos – día
Tatiana camina junto a Carol. Le va mostrando cada uno de los lugares de Abaste, llevaba apenas un día en el lugar. Llegan a la pared que Carol tocaba, Tatiana la mira.
-Esto… es una puerta –dice, en voz baja-. Arriba, abajo, abajo, arriba, arriba, abajo, arriba, patada. Es la clave para abrirla.
-¿Cómo? ¿Por qué? ¿Qué hay?
-Arriba es… tocar la parte de arriba, abajo ídem. Te lo digo porque eres mi hermana, si llegara a sucederte algo… ve allí, encontrarás que hacer. Estamos en un lugar algo “loco” –ahora baja aún más el volumen de la voz, apenas murmullando-. Y no estoy segura si hice bien en traerte.
Int. Pasillos – 12:30 hrs.
Carol sigue las instrucciones de su hermana. Apoya sus dos manos arriba, luego abajo, abajo, arriba, arriba, abajo, arriba. Finalmente da una patada en seco justo al centro de la pared. Suena un seguro que se suelta, ella empuja la pared, la que se abre.
Int. Habitación de lujo – 12:30 hrs.
Aníbal y Adela hacen ingreso al lugar. Ester y Jonathan apenas se podían mantener en pie, se tambaleaban de un lado al otro riendo y bebiendo, Elena algo más compuesta estaba algo bebida pero no lo suficiente como para abstraerse del mundo real. Aníbal se acerca a Jonathan, al que esposa y saca. Lo mismo hace Adela con Ester. Ninguno es capaz de poner resistencia. Elena se limita a mirar como se llevan a sus amigos, no dice palabra alguna. La siguiente era ella.
Int. Pasillo subterráneo – 12:44 hrs.
El paso de Carol era lento. El lugar parecía estar vacío, el ambiente era oscuro y húmedo, sin duda alguna algo se escondía allí. Echa un vistazo a una de las puertas que está a medio abrir, ve una mujer que jamás había visto pasearse, vestida con un delantal blanco, pelo rubio tomado y escuchando radio.
“Ahora vamos con el último tema de Katarin. Está muy bueno esto, se llama ‘Tómame o mátame’, en la voz de la sensual pelirroja, en Radio Por ti”
Durante esos meses jamás habían visto televisión ni radio, allí mantenían contacto con el exterior. “Lo último de esa Katarin que escuché no era esta mierda”, pensó Carol.
Siguió su camino por el sinuoso pasillo. Varias de las puertas estaban cerradas, no podía abrirlas, quizás alguien estaría al otro lado y podían encontrarla. Decidió continuar su paso lento pero seguro. Las luces estaban totalmente apagadas, tan sólo alcanzaba a mirarse los pies al caminar, al menos podría ocultarse entre las tinieblas si alguien aparecía. En el fondo comienza a acercarse una luz rojiza cada vez más. Sigue su camino hasta llegar a una ventanilla en la que encuentra una gran cantidad, más de doscientos, humanos primitivos que caminaban de un lado a otro. Todos desnudos, de diferentes edades, era un escenario cercano a una granja de animales. La sala iluminada tenuemente por faroles rojizos, está rodeada por una canaleta donde bebían agua y se alimentaban de algo parecido a cereal.
Una de las puertas se abre y las luces del pasillo se encienden una a una, en un circuito que pronto alcanzaría a Carol. Se precipita tras un pilar metálico y agachada esperó a que pasara el científico. Es la mujer rubia, que en sus manos transporta un set de inyecciones. No llega al fondo, sino que da la vuelta en una de las puertas y todo vuelve a las tinieblas de nuevo.
“¿Por qué Tatiana quiso que viera esto?” piensa Carol. “Acá debe estar la salida”.
Flashback. Int. Laboratorios – noche
Tatiana está sentada sobre una mesa, tapando su rostro con ambas manos. A su lado, Ramsés y Aníbal le rodeaban amenazantemente.
-¡Por qué mierda no me dijeron que hacían! –exclama con molestia Tatiana-. Tengo tanto derecho como tú Aníbal a saberlo, estamos al mismo nivel.
-No soy yo quien debe responderte eso –dice Aníbal, mirando a Ramsés.
-Simplemente porque no confío en alguien que se encamó con nuestra víctima. ¿Algo más?
-Sí. ¿Qué pretendes con esto? ¿Reírte en la cara del viejo?
-Lucrar –responde seco Ramsés-. Manejar el dinero del viejo y multiplicarlo a las nubes, es un negocio demasiado eficiente. ¿Cuántos millonarios como Dios con gustos excéntricos existen? ¡Millones!
-Quiero mi parte –dice Tatiana-. Me corresponde.
-Ni lo sueñes –responde Ramsés.
Int. Templo de Dios – 12:55 hrs.
Dios mira desde lo alto como Ester es puesta al centro del Templo, desnuda, con ambas manos encadenada, dentro de una pequeña tina que tiene el símbolo de la estrella de Satanás en el fondo dibujada. En lo alto, Jonathan es colgado en dos ganchos metálicos que atravesaban la piel de la espalda, cruzándolos por dentro de la columna vertebral para lograr mayor firmeza. Los gritos del muchacho son escalofriantes, luego de zamarrearse un par de veces opta por quedarse quieto, el dolor era menor.
Adela enciende dos llamas, una en cada costado, mientras en la sala varias personas aguardan la ceremonia que comienza.
Aníbal es quien se posa bajo Jonathan, con un puñal toma uno de sus brazos, cortándolo con profundidad en toda la muñeca, dejando un riachuelo de sangre que cae sobre Ester. De la misma forma prosigue con el otro brazo, luego con ayuda de una lanza guía el riachuelo para ir empapando lentamente el cuerpo de la muchacha de sangre. Posteriormente, Adela es quien toma un sable, con el que corta el estómago de Jonathan, el que se retuerce del dolor, suplicando que todo pase pronto. Adela prosigue su cometido, dando fuertes punzadas que van perforando las vísceras, y cayendo sobre el pelo y el cuerpo desnudo de Ester, la que intentaba escapar, pero con inutilidad, las cadenas se lo impedían.
-¡Por favor qué hacen! ¡Deténganse! –grita Ester, intentando zafarse de las cadenas.
Jonathan, ya totalmente muerto, seguía perdiendo sangre a borbotones. Adela da un nuevo corte, esta vez con profundidad en los muslos, con lo que la sangre sigue cayendo con más fuerza. Finalmente lo degolla.
Int. Jaulas – 12:55 hrs.
Estefanía y Karina miran a Braulio. Él había contado absolutamente todo lo que sucedió y el agradecimiento de la doctora era claro, pero también prometió sorprenderlas.
-¿Hasta qué hora debemos esperar? –pregunta Estefanía.
Braulio mete la mano al bolsillo y saca el manojo de llaves. Pide silencio, no se escuchan ruidos.
-Hay una ceremonia en este instante, por eso no les quise decir, o sino iban a pensar mal, lo siento. Tengo estas llaves, olvidaron revisarme –entrega el manojo a Karina-. Tienen al menos una hora, no sé en que consistirá exactamente, pero ya deben estar en eso.
-¿Y… Elena? –pregunta Karina.
-Ella no es parte de esta ceremonia… los dos chicos que estaban allí –indica la jaula de Estefanía-. Sí. Lo siento, no podíamos hacer nada por ellos.
Karina procede a abrir su celda, sale y abre la de Estefanía. Se acerca a la de Braulio para poder abrirla pero lo es capaz. Recuerda que Dios cerró con un candado diferente.
-¿Estarás bien? Prometo volver por ti –dice Karina.
-¡No! No vuelvan… mire. Elena está capturada en lo que llaman la Habitación de espera. Queda saliendo de acá, mano derecha y luego inmediatamente a la izquierda. Hasta el fondo, luego mano derecha, la única puerta con manilla plateada. Tienen poco tiempo, lo más probable es que esté cerrada, una de las llaves tiene que funcionar. Las salidas están llenas de guardias, luego de eso ustedes tendrán que buscárselas para huir.
-¿No tienen teléfonos o algo así? –pregunta Karina, memorizando todo lo que Braulio dice.
-Primer piso, que lo conozco como la palma de mi mano, no. En el segundo quedan las oficinas de los líderes, no tengo permiso para ir allá. Como están en ceremonias es probable que esté todo vacío, no aseguro que haya algo allí, pero inténtenlo. No vuelva por mi por favor –dice Braulio-. La única llave de seguro es la de Dios. Recuerde, si ve una morena de pelo largo, es Carol López, no confíe en ella.
-Lo siento, tía –dice Estefanía, abriendo la compuerta y largándose por sí sola.
Karina agradece a Braulio y se marcha, en la dirección contraria a Estefanía, no sin antes procurar cerrar la gran compuerta metálica, dejando al guardia a la merced de Dios.
Int. Templo de Dios – 13:01 hrs.
Dios desde lo alto aplaude al ver como el cuerpo casi sin órganos de Jonathan yace muerto, colgado. En la parte baja, de rodillas, los súbditos gritan una incomprensible oración a Ester, la que sin entender lo que sucedía intentaba zafarse, cubierta totalmente de sangre. Aníbal es quien se acerca a la muchacha con un pequeño cuchillo. Antes que pudiera decir cualquier palabra, la degolla con profundidad y gran exactitud, provocándole una muerte casi instantánea. Ahogándose en su propia sangre, Ester va perdiéndose hasta desplomarse en el suelo.
Adela toma una antorcha y la pone sobre el cuerpo de Jonathan, el que comienza a arder con lentitud hasta comenzar a chamuscar y carbonizar su demacrada piel.
-¿Y qué se supone que viene ahora? –pregunta uno de los alumnos a otro.
-Esperar… ¡la resurrección!
Int. Pasillo – 13:01 hrs.
Desde el exterior de la sala es Estefanía la que ve desde la puerta ente abierta la escena. Anonadada da media vuelta, pero choca de frente con un hombre, el mismo de la casa de los Torrealba.
-¿Está perdida? –pregunta él, con una perversa sonrisa en el rostro.

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