
Int. Pasillo 2 – 21:23 hrs.
Braulio transporta una gruesa manguera por todo el lugar, proveniente del exterior. Pasa junto a la puerta de la habitación de torturas, la que cuidadosamente tenia todas las maderas rotas de la patada de Braulio puestas en su lugar En el camino se topa con Carol, con la que comparten un par de miradas cómplices y una sonrisa que calma al nervioso guardia. Abre la compuerta de la jaula de los Ramírez y entra con la manguera.
Int. Jaulas – 21:24 hrs.
Karina está abrazada junto a su marido, el que hace lo posible por calmarla. Al ver entrar a Braulio, la mujer se abalanza sobre la reja enfurecida.
-¡Devuélveme a mi hija maricón! ¡Di algo!
-¡¿Qué le hicieron a mi hermano?! ¡Son unas porquerías! –grita a su lado Estefanía.
-Hasta yo escuché de acá que se lo mataron –dice Ester.
-¡Ester! –recrimina Jonathan-. No seas desubicada.
Braulio ignora absolutamente todos los comentarios de los Ramírez, solamente se limita a girar la parte delantera de la manguera y rociarlos de agua, empapando a todos, incluyendo la senil Enriqueta, que serena recibió el grueso chorro de líquido sobre su rostro cubierto de parches. Uno de ellos cayó al suelo, dejando entrever parte del hueso de la mejilla, con trozos de piel carcomidos.
-El baño de la semana –espeta con dureza Braulio-. Permiso.
-Maricón de mierda, ya te las vas a ver –exclama Estefanía enfurecida.
Int. Habitación de Carol – 21:35 hrs.
Elena está sentada en la cama, mirando a través de la ventana el bosque que se perdía en el horizonte, pensativa. Tenía la posibilidad de escapar de ese lugar y dejar a su familia a merced de esos criminales o pensar algo para salvarles, ¡pero tenía que ser ahora ya!, no era mucho el tiempo que le quedaba. La puerta se abrió de golpe, asustada Elena se da vuelta y ve que Carol entra al lugar.
-Gracias mil gracias -dice Elena.
Carol sonriente, deja ver una cuerda que sostiene con una de sus manos, respirando agitada y con los ojos muy abiertos.
-Gracias a ti, querida –exclama Carol, abalanzándose con fuerza sobre Elena.
Carol da un fuerte puñetazo en el rostro a Elena, la cual de la impresión no alcanza a evitarlo. Con habilidad la hermana del difunto Mauricio gira por la cama y se pone de pie junto a una pared.
-No te conviene que grite, te hacen cagar –exclama Elena.
-Y a ti no te conviene gritar, soy hermana de una de las líderes. A la que hacen cagar va a ser a ti y a tu familia, te aseguro que los castigos son mucho pero mucho más dolorosos que las ceremonias.
Carol se acercó rodeando la cama, saca del bolsillo una pistola y apunta a quemaropa a Elena.
-Idiota te van a escuchar con el estruendo de esa pistola –dice Elena.
-Idiota, es una pistola… -Carol presiona el gatillo, el que lanza un certero dardo en un brazo de Elena-, que lanza dardos adormecedores. Suerte que encontré una.
Elena se desploma en el suelo, Carol se acerca con la soga y comienza a amarrarla.
Int. Habitación. Casa de los Torrealba – 09:03 hrs.
Nelly está recostada en un sillón, cubierta con una manta. En la cama, Alonso despierta con lentitud, quejándose y sobándose la cabeza en demostración de incomodidad. Mira hacia el sillón donde su compañera yace dormida y se extraña, escruta el lugar con curiosidad, no pasa de ser una habitación común y corriente.
-¿Un motel? –se pregunta para sí mismo, con extrañeza.
No recuerda nada de lo que sucedió, hasta que por su mente pasó el flash de aquel hombre encapuchado que les adormeció. Se levanta y despierta a Nelly, la que de golpe pega un grito.
-¡Qué te pasa! ¡Dónde estamos! –exclama, mirando a su alrededor el lugar-. No me digas que…
-No sé donde estamos –dice Alonso, mirando a través de la ventana el auto de Nelly-. Allá está tu auto, estamos en la casa que vinimos ayer.
-Uff menos mal, no me perdonaba que fuera “otra cosa” –hace las comillas con los dedos, en tono despectivo-. Entonces este es el segundo piso, recuerdo bien haber venido una vez a esta casa y no tenían dormitorios en el primero. ¿Bajemos?
Int. Pasillo Segundo piso. Casa de los Torrealba – 09:06 hrs.
Nelly abre la puerta y se encuentra de frente con una niña quinceañera, que pega un grito que se escucha por toda la casa.
-¡Mamá! ¡Aah! –grita la muchacha, corriendo por el pasillo hacia el primer piso-. ¡Ladrones mamá!
Alonso y Nelly se miran desconcertados. Caminan por el pasillo mirando los dormitorios, todos totalmente amoblados y con vida. Bajan las escaleras temerosos.
Int. Living. Casa de los Torrealba – 09:08 hrs.
La madre junto a la hija, acompañadas de un cuchillo y un palo de escoba, esperan nerviosas a los dos extraños, que se posan en la escalera observando con atención que lo que ayer era un desierto de cerámica y pintura hoy era un bonito living con sillones de cuero y una mesa con el desayuno servido.
-Señora, despertamos acá –dice Nelly.
-¡Váyanse de mi casa! –amenaza ella, con el cuchillo en mano-. ¡Cómo llegaron a estar en MI casa!
-Permítame señora, ayer esta casa estaba vacía, y nos encontramos con un encapuchado que nos adormeció –explica Alonso con un tono más amigable que el de su compañera.
-No sea mentiroso, ¡si con mi mamá vivimos hace diez años acá! –exclama la muchacha.
Tras la señora se posa un hombre de similar edad, que al ver a los extraños se pone en señal de protección delante de las dos mujeres.
-¡¿Qué mierda pasa acá?! ¿Qué le hacen a mi familia?
Nelly recorre con la mirada a aquel hombre, pensando que puede ser el encapuchado pero no hay nada que lo delate.
-Un encapuchado en esta casa, anoche estando vacía, nos adormeció. Ustedes no viven acá hace diez años, ¿qué tienen que ver con las desapariciones de mi hermana y la familia Torrealba, que realmente vivía acá? –pregunta con agresividad Nelly-. ¡Hablen mierda!
El hombre se acerca a la puerta y la abre. Luego toma a Nelly del brazo con fuerza y la lanza fuera de la casa, haciendo que ella caiga al suelo, golpeando sus rodillas con las baldosas del exterior. Alonso levanta las manos en señal de paz y sale sin decir palabra alguna.
-¡No se metan más con nosotros! –exclama el hombre, abrazando a su hija.
Ext. Calle La salitrera – 09:14 hrs.
Nelly se acerca enfurecida su automóvil, antes de abrir la puerta se dirige a Alonso, que miraba por última vez la casa.
-Una cosa Alonso. Si de verdad fuéramos ladrones como ese montón de estúpidos dicen, hubieran llamado a la policía. ¡Y no lo hicieron! –exclama Nelly, levantando las manos enfurecida-. ¡Están mintiendo, y los conocen!
-¿Y qué relación tendrá la familia que vivía acá…
-Torrealba
-…eso, con los que ahora habitan este lugar?
Flashback. Int. Dormitorio matrimonial. Casa de los Torrealba – noche
Bastián abre la puerta del dormitorio con sigilo y lentitud. Observa el interior, la cama está vacía y sus padres brillan por su ausencia. Del baño en suit del dormitorio escucha murmullos y risas. Sonríe, toma un par de guantes y prosigue. Se precipita sobre el velador de su padre, abriéndolo con rapidez y tomando la billetera. En ella encuentra un fajo de billetes que daba un volumen considerable a ésta. Bastián toma el dinero, observa durante un par de segundos con una gran sonrisa en su rostro la cantidad que tenía en sus manos y luego vuelve todo el resto a su lugar, todo menos el dinero de su padre.
Int. Pasillo 2 – 09:21 hrs.
Adela, como todas las mañanas, da su ronda de vigilancia, caminando por todos los pasillos de Abaste. Al pasar, primero por la puerta del Hostal, la abrió para ver el interior. Todo vacío. Luego prosiguió con la sala de torturas 2, de la que abrió la puerta y vio que la silla donde estaba el torturado no tenía nadie sobre ella. Elena había escapado. Adela se pone a correr por el pasillo.
-¡Alarma! ¡Escapó el ansiolítico de la sala! –grita ella, buscando a alguien que la escuche-. ¡Por la mierda alarma!
-¿Qué pasa, por qué tanto grito? –pregunta Aníbal, saliendo de otro de los pasillos.
-¡Se escapó el ansiolítico, hay que avisar a los guardias que restrinjan todos los accesos!
-Mierda.
Int. Jaulas – 09: 30 hrs.
Ester da las primeras señales de despertar. Abre los ojos con lentitud y se levanta hasta quedar sentada en el suelo. Se toca la ropa, todavía estaba húmeda. En la jaula del frente, Miguel se queja constantemente, despertando a su esposa.
-¿Qué pasa? –pregunta ella, preocupada.
- Me siento mal, me duele la mano y estoy decaído –responde él.
Miguel está pálido, recostado a lo largo en la jaula. Su esposa revisa la herida de la mano, la que está inflamada y con algo de materia. Toca su frente y arde en fiebre.
-Se infectó la herida -exclama ella, con preocupación.
-¿Y qué pasa con eso? –pregunta desde el frente Ester-. ¿Muy malo?
Jonathan despierta con la voz de Ester rebotando en sus oídos.
-¡No puedes hablar más bajo! –exclama molesto.
-No, no puedo –responde ella, con una sonrisa de venganza.
Karina toma el agua del posillo que tienen para beber, y usando parte de su ropa limpia la herida.
-Es grave –dice, mientras pasa el improvisado paño-. No tenemos antibióticos ni nada con que combatir la infección.
-Que más da, si igual nos vamos a morir –dice Ester.
-¡Díganle a la tontita que se calle, please! –grita molesta Estefanía.
Flashback Int. Living. Casa de los Torrealba – día
Bastián está de pie junto a la escalera que da al segundo piso. Con su teléfono celular en mano, disca uno número. En ese instante, Mario baja las escaleras enfurecido, seguido de su esposa Sonia quien intentaba calmarlo.
-¡Por la mierda! –grita Mario, pateando la puerta de la calle y rompiendo parte de la madera en varias astillas de diversos tamaños.
-Mario ya te dije que di vuelta todos los cajones y no hay nada… ¡nada!
-¡Voy a llamar a la policía!
-¿Pero no se te habrá quedado en el trabajo?
-¡Idiota te dije que llamé y no está allá! –Mario apunta con el dedo a su esposa, quien se intimida.
-Tatiana –balbucea Bastián al teléfono-. Escuche…
-No me grites por favor que yo no he gritado –dice tímidamente Sonia.
-No han juntado el dinero –continúa Bastián-. Tendrás que buscar otras formas de cobrar.
La sonrisa de Bastián es evidente. Cuelga el teléfono, mientras que Mario procede a comunicarse con la policía, furibundo e impaciente.
Int. Habitación de Carol – 10:05 hrs.
Carol con el cuchillo en una de sus manos se instala frente a Elena, quien la mira temerosa y nerviosa, la mordaza le impide hablar. Ya había pasado toda una noche en que Carol pensó que hacer con su propio ansiolítico, aquella presa tan valorada por sus compañeros, el objeto de desahogo de la furia y los instintos más internos.
-Hoy… no voy a usar el cuchillo –dice, con una amplia sonrisa de maldad, Carol.
La hermana de Tatiana se acerca lentamente hasta ponerse tras Elena. Le toma el pelo y con tranquilidad se dedica a desenredarlo, la menor de los Ramírez sólo se limita a esperar el momento que su verdugo disponga que hacer con ella. La ansiedad poco a poco se comienza a tomar el cuerpo de Carol, su frente suda y los latidos de su corazón aumentan las revoluciones más y más. Pone sus dos manos por detrás de Elena, apoyándolas en todo el rostro de la muchacha y luego hundiendo sus dedos una y otra vez.
-Que relajo –murmulla Carol, disfrutando de la tortura que inicia-. Si estuvieras en mi lugar lo entenderías.
La muchacha con sus uñas carcome lentamente la piel de Elena, la que derrama lágrimas de dolor e intenta gritar por medio de la mordaza. Con fuerza Carol concentra su ira en la punta de sus dedos, pasando en varias oportunidades a llevar los ojos de Elena.
-¿Te gusta perra? –Carol da media vuelta, se pone delante de Elena-. ¡¿Te gusta?!
Carol da una fuerte cachetada a Elena, luego otra y otra, hasta dejar ambas mejillas rojas y con algunos rastros de sangre. Luego prosigue con los rasguños, cada vez más fuertes. Con parte de su uña descubre un trozo de piel con sangre, en el que concentra su labor. Elena zamarrea su cabeza para que Carol no pueda torturarla, pero esta no se hace problemas, toma el cuchillo que dejó sobre la cama y lo entierra en una de las pantorrillas de Elena, atravesándola de un lado a otro con un gran rastro de sangre.
-Si sigues moviéndote te juro que te perforo la otra –ordena Carol.
Int. Oficina de Adela – 10:15 hrs.
Adela está en su oficina con radio en mano, caminando de un lado a otro muy nerviosa y molesta. Todavía no tenían noticias de Elena y el tiempo pasaba. En eso, Aníbal entra de golpe, asustando a la concentrada Adela.
-Mujer, los guardias están dando vuelta el lugar, acompáñame
-No puedo, ¡no me moveré de acá hasta que no aparezca esa puta!
-¡Dije que vamos!
Int. Jaulas – 10:18 hrs.
Aníbal irrumpe con fuerza al interior de la sala, asustando a Ester, la que se da vuelta con su mano en el pecho.
-Aprenda a tocar la puerta oh –exclama molesta.
-Permiso –dice Aníbal, con ironía.
Adela entra también algo dubitativa y queda esperando en la puerta. Karina, que todavía cuidaba de la herida de su esposo, se levanta y acerca a la reja.
-¡Puta de mierda donde metiste a mi hija! –grita desesperada-. ¡Habla maldita!
-Se escapó –responde con nerviosismo la líder-. ¿Contenta?
Ester mira a Jonathan con una sonrisa.
-Te juro que si no estuvieran estos, te abrazo amigo –murmulla Ester, no pudiendo aguantar las ganas de celebrar.
-De seguro la pillan –responde Jonathan, con pesimismo-. Pero bueno, al menos algo queda.
Aníbal abre la jaula de Enriqueta, la que inmediatamente se apoya en la pared, con temor y nerviosismo. El hombre se acerca con lentitud, la atormenta con la mirada y sorpresivamente junta las palmas en una aplauso estruendoso en su cara.
-Nos volvemos a ver, abuelita –Aníbal tira de los parches que cubren el rostro de la mujer, dejando ver varias zonas sin piel, heridas mal cicatrizadas y algunos gusanos-. Ahora sí que te hacemos mierda.
-Ahora sí me matan –dice Enriqueta, entre dientes-. ¡Ahora sí que me comen entera estos caníbales!
-¡¿Qué?! –pregunta sorprendida Estefanía desde la jaula del lado-. No me diga señora que son… ¡caníbales! ¡No pueden!
-O sea yo se que muchos me quieren comer, ¡pero no así! –exclama Ester.
Aníbal da una fuerte patada a Enriqueta en una de sus piernas, rompiendo parte de la anciana piel de la mujer. Luego la toma del brazo y la saca de la jaula, dejando la puerta abierta.
-Por favor que Elena esté bien –murmulla para sí misma Karina, sentándose y abrazando a su marido.
Flashback. Int. Dormitorio de Teresa – día
Teresa ve la televisión, cuando de improviso suena su teléfono celular.
-Adela, aló –responde de mala gana Tere.
-Tu familia escogida va a tener que esperar, te tenemos otra misión. Sabemos de tu amistad con una de las hijas de la familia Torrealba y de una ida de Vacaciones, acompáñalos, que Tatiana tiene que cobrar una deuda.
Teresa queda helada.
-¿Aló? –pregunta Adela.
-¿Y qué tengo que hacer?
-Vigilar que el nuevo, Bastián, no se nos descarrile.
-¡¿Bastián?!
-¡Aceptas o te vas!
-Si lo pides así, acepto.
Int. Cocina – 10:24 hrs.
Enriqueta está de espaldas, desnuda, amarrada y colgando sujeta de las manos por una gruesa cuerda. Tras ella, Adela y Aníbal observan.
-¿Qué vas a hacer? –pregunta Adela.
-Estafar –responde Aníbal, tomando un cuchillo.
-¿A quién?
Aníbal pone el cuchillo justo sobre la rodilla de Enriqueta y, sosteniendo la parte de las pantorrillas con la otra mano, comienza a cortar con fuerza, desgarrando primeramente la piel, luego los músculos y finalmente los cartílagos y pequeños huesos que unen las dos partes de la gruesa pierna de la mujer, que se deshacía en gritos y llantos de lamentaciones y dolor. Cuando ambas partes estuvieron unidas sólo por unos pocos cartílagos y venas que chorreaban sangre al suelo con fuerza, Aníbal da un fuerte giro y luego un tirón que terminó por separarlas totalmente. Adela observaba sin ningún asco.
-¿Y qué vas a hacer con la pierna?
-Por favor máteme luego, por favor –suplicaba con dificultad Enriqueta.
Aníbal lanza la pierna sobre un mesón metálico. Luego gira una manivela que hay a un lado, para bajar el cuerpo de Enriqueta hasta dejarlo con su único pie apoyado en el suelo.
-Tú no tienes idea de lo que hacemos acá, ¿no? –pregunta el hombre a Adela-. Crees que somos los únicos que comemos carne humana en el mundo.
-¿Qué? –el desconcierto de Adela aumenta.
Aníbal toma con sus dos manos cubiertas de sangre una sierra circular. El chirrido crispaba los nervios de la débil Enriqueta, que se zamarreaba con dolor y dificultad.
Aníbal posa la sierra por la espalda, en el cuello de Enriqueta, acabando con parte de su masa encefálica y huesos que se mezclaban con la sangre en una gran cantidad de materia inerte humana que salpicaba para todos lados. Lentamente fue bajándola por toda la línea de la columna, la que provocaba un fuerte chirrido que hizo que Adela se tapara los oídos por unos instantes. Cuando llegó a la última vértebra Aníbal dejó la sierra sobre el mesón, y nuevamente con el cuchillo procedió a separar toda la piel y abrir la espalda de Enriqueta, quien a esa altura estaba muerta, quitando los tendones y dejando al descubierto parte de los órganos de la anciana mujer. Luego corrió el mesón, levantando las piernas y posándolas sobre el metal. Descendió con la manivela el resto de inerte cuerpo, dejándolo recostado en el lugar.
-Ahora hay que deshuesar y envasar –dice Aníbal-. Carne categoría V, de viejita.
-Voy entendiendo –exclama Adela, tomando uno de los cuchillos del mesón.
Int. Dormitorio de Carol – 10:40 hrs.
Elena está sentada con el rostro totalmente desfigurado, lleno de moretones y heridas. En la cama recostada, Carol reposa con los ojos abiertos, esperando a que el tiempo simplemente pase. La tranquilidad del lugar se rompe cuando siente golpear la puerta.
-Carol abre, soy Braulio.
-Mierda –exclama Carol-. Parte dos.
Carol toma el cuchillo que está sobre la cama, se acerca a la puerta sigilosa y antes de abrirla, pregunta.
-¿Braulio?
-Sí soy yo, quiero saber de Elena, ¡déjame pasar!
Carol abre rápidamente la puerta, apunta con la cuchilla a Braulio, el que sin saber que hacer queda quieto, ésta le toma la mano y lo hace pasar. Luego sale de la habitación y los encierra a ambos.
-¡Elena! –exclama sorprendido Braulio, al ver a la muchacha totalmente.
Desde el exterior, Carol tira de la puerta y la patea con fuerza.
-¡Encontré el ansiolítico! –grita desesperada Carol-. ¡Ayuda!
Int. Cocina – 10:44 hrs.
El cuerpo de Enriqueta está totalmente trozado, con los órganos envueltos en varios paños y varias lonjas de músculo, que a esas alturas eran trozos corrientes de carne, dentro de algunas cajas. Los gritos de Carol llegaron a ese lugar, Aníbal y Adela se miraron mutuamente.
-Yo voy –dice Adela, tomando una de las cuchillas del lugar-. Al culpable lo voy a matar.

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