
Int. Pasillos – 13:01 hrs.
Estefanía mira desconcertada al hombre que está frente a ella. Luego le sonríe muy amablemente, le toma de un brazo y lo hace caminar por los pasillos.
-Yo soy Carol López –dice ella-. La hermana de… Tatiana.
-¡Aaah! No había tenido el placer de conocerte, mucho gusto, soy Genaro. Me imagino que habrás oído de mí…
-Por supuesto ¿Qué lo trae a este lugar?
-Vengo a buscar unos papeles –dice él-. Ah, y siento lo de tu hermana, me enteré de lo que pasó con Adela, de verdad mi pésame.
-Muchas gracias –Estefanía finge sentirse afectada-. Ya lo superaré. ¿Lo acompaño?
-¿Por qué no estás en la ceremonia? –pregunta él-. No que deberían estar todos…
Estefanía detiene el paso, sintiéndose algo acorralada.
-Estoy algo enferma, y bueno… el humo de las antorchas me molesta –finge una tos-. No tengo problemas en acompañarle.
-Voy al segundo piso, me imagino que estás autorizada para ir…
-Por supuesto, tengo el mismo poder que mi hermanita ahora.
Genaro abre una de las puertas, dejando aparecer una larga escalera que se perdía en la oscuridad. Afuera tenía colgado un letrero de “prohibido pasar”. El hombre hace ingreso, seguido luego de Estefanía. La puerta se cierra, y Karina es quien mira desde el fondo sorprendida, intentando grabar con la mente la puerta en la cual se escondía ese lugar. “El segundo piso”, dice con los labios.
Int. Templo de Dios – 13:01 hrs.
El cuerpo carbonizado de Jonathan sigue colgando y quemándose, cada vez con menos fuerza, cayendo algunos trozos de carne quemada al suelo, sobre el cadáver desnudo y cubierto de sangre de Ester. Alrededor todos los feligreses seguían sus extrañas plegarias, algunos con antorchas en las manos, incluso llorando. En lo alto Dios miraba estupefacto, nervioso y perdido.
(Voz de Braulio) “Es una hora, tan sólo una hora en la que el Diablo puede poseer el cuerpo del prisionero de la carne. Las plegarias deben hacerse escuchar, si es necesario sacrificar a un cordero en su honor, no debe dudar en hacerse… “
Una de las mujeres que daba plegarias es empujada delante por la masa. Adela toma un largo machete y sin que ella siquiera alcance a chistar la decapita. La cabeza, que era sostenida por el pelo con una de las manos de Adela, queda a medio cortar unida al resto del cuerpo. Un segundo golpe termina por soltarla.
Aníbal trae algo de parafina, la rocía sobre el cuerpo muerto de la mujer y lo enciende, simulando la misma antorcha que se intentó con Jonathan.
“… el fuego jamás debe apagarse, eso implicaría que el contacto con los demonios se perdería y la conexión deberá comenzar nuevamente. La primera media hora debe ser de plegarias, la segunda, si todavía no hay señales ni mensajes de nuestro Señor, debe ser de dolor y sufrimiento.”
Flashback. Int. Oficina de Adela – día
Adela saca un viejo libro que trae el rostro de una mujer decapitada en la portada, sostenido con una de sus manos. Lo pone sobre la capa blanca.
-"Instintos” –dice ella.
Braulio tímidamente lo toma entre sus manos.
Int. Jaulas – 13:01 hrs.
-Es tan sólo una hora –concluye Braulio.
Int. Pasillos – 13:03 hrs.
Karina camina dubitativa por los pasillos. Sigue las instrucciones de Braulio al pie de la letra, pero aún así tiene dudas. Frente a ella hay dos puertas con una manilla dorada, una bastante más brillante que la otra pero eso no le daba seguridad en ese momento. Decidida se lanza sobre una de las manillas, la más brillante, la giró pero estaba cerrada. Con dudas golpea la puerta.
-Elena –susurra Karina-. ¿Elena estás ahí?
Karina usa las llaves que Braulio entregó a ella, una por una, hasta que una de ellas funciona. Abre la puerta y encuentra a Elena tirada, riendo, con un vaso en una de sus manos. A la rastra la saca de la habitación y luego cierra la compuerta.
-Hija, vamos, por favor, larguémonos.
-Mamá… ¡ven a beber conmigo! –grita Elena, Karina pone su mano sobre la boca de su hija intentando callarla.
-Shhh… vamos, camina conmigo –dice Karina, tomando del hombro a su hija y largándose por los pasillos.
Int. Pasillo Subterráneo – 13:05 hrs.
Carol camina desconcertada a través de las tinieblas. Mira cada una de las puertas que hay a su lado con temor y nerviosismo. Una de ellas se abre, la científico rubia vuelve a la habitación de la que había salido. Carol se oculta tras un pilar, lo suficientemente lejano para que esa mujer no le viera. Cuando ella entró, Carol se precipitó con sigilo y velocidad a la puerta de la que salió aquella mujer. Cuando estuvo frente a ella, puso su oído y durante un par de segundos aguantó la respiración para ver si oía algo.
-Nada –dijo para sí misma, girando la manilla.
Int. Laboratorio subterráneo – 13:08 hrs.
Carol sorprendida queda pasmada en la entrada. Frente a ella una serie de cápsulas donde yacían dormidos una serie de extraños seres humanos, entre ellos el clon de Felipe. Al centro y sobre un mesón metálico, una mujer desnuda totalmente deforme, con una gran protuberancia que salía de su estómago, respiraba con dificultad.
El escenario era parecido en el resto de las cápsulas: un hombre que tenía ambas piernas mucho más largas y desarrolladas que el resto de su delgado cuerpo, una mujer cuya cabeza sólo era comparable a la de un disgustante alien, un adolescente cuyos brazos parecían dos pequeñas protuberancias que apenas salían del tronco, y así, una serie de seres deformados. Esos, y el clon de Felipe, que a vista de Carol era el único que parecía normal.
Una alarma comienza a sonar al lado de la mujer que yacía sobre el mesón, desesperada Carol da vueltas buscando donde esconderse. En eso encuentra a un costado un mesón con instrumentos quirúrgicos. Temerosa toma un bisturí y un par de tijeras, y se esconde tras el mesón.
La científico entra, sin siquiera sospechar que hay alguien allí dentro se acerca a los instrumentos, toma una inyección que ya estaba preparada de antemano y se acerca a la paciente. Cuando se dispone a inyectar la cápsula, Carol la sorprende de un costado, la empuja al suelo, procura que la aguja esté lejos de la mujer y la enfrenta.
-No te quiero matar –dice Carol-. Dime como salir de acá.
-Voy a tener que avisar a los jefes –exclama la mujer, sin casi inmutarse-. Por las buenas, suelta ese bisturí y vuelve a tu guarida. ¿Cómo llegaste hasta acá?
-Soy la hermana de Tatiana.
La científico hace señas, no conoce el nombre.
-Tatiana Lopez, una de las líderes de este lugar… ¿no?
-Acá la única persona que conozco es a Don Aníbal, él me manda.
Carol duda. No sabe bien que hacer. Tiene a una científico que pareciera saber menos que ella a su frente, un bisturí con el que puede matarla y una razón por la que su hermana quiso que ella estuviera allí.
-Sea como sea, estando aquí dentro me encontraré más cerca de la respuesta que busco –dice Carol, acercándose cada vez más a la científico.
-Hey… voy a gritar –amenaza ella-. No sé como salir de acá, si querías oir esa respuesta.
-Esa era una de las respuestas que quería.
Carol eleva el brazo y raja todo el rostro de la rubia, tiñendo de rojo la capa blanca que cubría su cuerpo. El grito que acompañó al corte retumba una y otra vez en la habitación. Carol da un segundo corte, esta vez en el cuello, degollándola y asesinándola en un santiamén. Ya todo estaba en silencio nuevamente.
Con velocidad Carol se abalanza sobre los cajones, revisando uno por uno a ver si lograba encontrar algo. Fichas y fichas caían al suelo con velocidad. Para asegurarse que nadie entrara puso un canasto metálico en la puerta, eso no evitaría que entraran pero al menos le daría tiempo para esconderse. Carol sigue registrando las cajoneras, hasta que se encuentra con una que estaba con seguro. Con brutalidad la tiró una y otra vez, retumbando con fuerza el metálico ruido en el salón.
Se devuelve con rapidez y se posa sobre el cadáver de la científico, revisa cada uno de sus bolsillos hasta encontrar un manojo de llaves. Regresa a la cajonera y la abre sin mayor problema, al segundo intento.
-¡Bien! –exclama Carol.
En el cajón encuentra solamente una carpeta. La abre, en ella encuentra una carpeta llena de papeles. Nerviosa, pensando todavía que quizás pudiera aparecer alguien, cierra la cajonera y deja la carpeta sobre uno de los muebles. Se acerca al cadáver de la científico y la toma de los pies. Había pasado mucho tiempo, probablemente nadie escuchó.
Lee los papeles y encuentra fichas médicas. Entre esas las de Felipe, se detiene a leerlas, están llena de exámenes y muestras, incluso cuelgan de una de las punta un par de pelos del muchacho. “Clones” lee en una de las líneas. “Hormonas” en otras, “crecimiento normal”.
Pasa a una segunda, Anne Kanter, “clon exitoso. Hormonas inyectadas”, luego una serie de nombres de productos que Carol prefiere saltar. “Crecimiento anormal, hipercefalia y madurez mental retrasada”.
Ext. Casa de Ester – 13:11 hrs.
Nelly y Alonso se bajan del automóvil en el que transitaban con gran velocidad. En la reja de la casa una mujer algo anciana conversa muy tranquila con una de las vecinas. Nelly se acerca.
-Señora, ¿desde cuando vive acá?
-¿Yo? ¿Y a qué se debe esa pregunta señorita, si no la conozco?
Alonso saca su placa fuera de servicio de policía.
-Necesitamos allanar la casa –dice Alonso.
-¡No! –grita la mujer-. ¡No!
Alonso abre la reja, Nelly le sigue.
-Abuso de poder, me encanta –dice al oído Nelly con un seductor tono de voz-. Ahora te me tornaste bastante más interesante.
Int. Casa de Ester – 13:11 hrs.
Nelly es la primera en entrar. Además de un par de sillones y una mesa, el resto estaba totalmente vacío. La casa era de un solo piso, en una de las piezas se escucha ruido.
-¿Quién está allí? –pregunta Nelly.
Un encapuchado aparece con una pistola, antes que logre apretar el gatillo, Alonso hace uso de la suya, perforándole una pierna. Con gran velocidad Nelly se precipita y pisa la mano donde sostenía el arma el hombre. Alonso avanza hasta entrar a uno de los dormitorios, lo único que encuentra es una tina llena de sangre y un cuerpo destrozado. En el fondo una cruz invertida dibujada en sangre.
-Creo que me debes una explicación –dice Alonso al hombre.
Éste empuja a Nelly, haciéndola caer, luego toma la pistola y se pega un tiro a sí mismo. Alonso corre hacia el living y mira por la puerta de la calle. La mujer que estaba allí se había marchado.
Int. Pasillo segundo piso – 13:12 hrs.
Apoyado en una de las paredes, Genaro aspira el humo de un cigarrillo, que se consumía con lentitud. A su lado, Estefanía muy nerviosa esperaba el momento que continuaran su camino. Esa pausa podía significar se encontrada.
-¿Te parece si seguimos caminando? ¿A dónde me dijiste que ibas? –pregunta ella.
-Calma, no me gusta fumar tan apurado –dice él, aspirando nuevamente una bocanada de humo-. Entonces tu llegaste con tu hermana a las clases… ¿y qué tal eso?
Estefanía toma aire, la ansiedad la carcome.
-Bien, bien. Ha sido muy interesante informarme sobre el precioso arte del canibalismo, sobre todo el libro de los Instintos, ¡que librazo! –el entusiasmo de Estefanía, repitiendo casi textualmente los datos que Braulio le entregó, asustó a Genaro-. La verdad que estas ceremonias me llenan mucho interiormente.
-Entonces eres una arrastrada por… “Dios” –hace las comillas con los dedos en el aire él.
-Ah no, ¡cómo se te ocurre! Ese viejito está más loco que una tuerca, o como sea el dicho… o sea… -Estefanía percibe que Genaro quiere seguir preguntando, por lo que se atropella sus propias palabras, no dejándole hablar-. Es que no puede ser que alguien a su edad ande para esos trotes, y pagando por ceremonias así, por favor. O sea, si sé que dije que me gustan las ceremonias, de hecho, me encantan, pero ay no sé…
-Entonces…
-¡Entonces eso! Me encanta la sangre, el dolor y todo eso. Me encanta ir a la sala esa de… relajo, se me olvidó el nombre. Pero generalmente paso ahí torturando gente y todo eso, me encanta así hacerlos sufrir y todo eso, tu sabes, ¿no? ¡Obvio que sabes! –nuevamente no le permite la palabra a Genaro, el que se comenzaba a cansar-. Ahora estoy algo nerviosa, creo que más tarde voy a bajar a torturar al ansiolítico de turno, ¡me encanta!
-Es cierto lo que dice tu hermana entonces, eres ansiosa. ¿Tomaste tus remedios?
-Sí sí, los tomé, por supuesto que los tomé. Es que cuando conozco gente me pongo así, como habladora. Cuéntame de tu vida…
-Creo que iré a lo que venían, mejor –Genaro pisa el cigarrillo, al que todavía le quedaba algo de tabaco por consumir-. Te dejo.
-Un gusto, Genaro –dice Estefanía, con una gran sonrisa en su rostro.
-Oh sí, no sabes que gusto haberte conocido.
Genaro camina hacia el fondo a paso rápido. Estefanía espera a que el hombre se pierda entre los pasillos del lugar para comenzar un recorrido sin objetivo. Simplemente buscar como salir de allí.
Int. Templo de Dios – 13:15 hrs.
“Si la llama de la furia se llegara a consumir, se entra en una fase crítica en la que todo puede tornarse contra los propios feligreses. Es allí cuando las ofrendas deben aumentar en cantidad…”
La llama del cuerpo que ardía se apaga súbitamente. Asustada Adela mira a Dios, el que preocupado, casi al borde del llanto, con señas le envía una orden, que es captada por ella y por Aníbal.
Una de las feligresas que con fervor y fanatismo clamaba oraciones al aire es empujada por la masa delante. De la misma forma ocurre con otros dos hombres de mediana edad, uno de ellos uno de los compañeros de estudio de Carol.
“El morir no es miedo para nosotros. Eso no es así, el morir es un placer y un regalo, sacrificar, entregar nuestra sangre a nuestro líder y creador es la mayor gloria y honor que podemos tener…”
La única mujer del trío es quien toma un machete del suelo, y sin mayor miedo ni duda levanta la blusa que cubría su abdomen, luego hace un corte lateral en todo su estómago, abriendo la piel que derramó la sangre a borbotones en el suelo. Gritando del dolor, la fanática llora, tomando una de las antorchas que Adela entrega y posándola sobre su cabellera. Aníbal la rocía de bencina, combustionando el cuerpo y opacando sus gritos en algunos pocos segundos.
-¡No quiero morir! –grita uno de los otros dos sacrificados-. ¡No quiero!
“Si se quiere sacrificar a un sucio, se debe procurar que el dolor que sienta sea el máximo posible. Llegar hasta el límite que tan sólo su umbral sea capaz de delimitar la cantidad de sufrimiento que pueda sentir… es la única forma que el Grande se sienta digno de aquella ofrenda…”
Aníbal empuja al muchacho al suelo, atándole las manos y piernas con gran habilidad. Luego lo levantan y lo sientan, a un lado de la bañera que contenía el cuerpo sin vida de Ester. Adela por su espalda, con una fina aguja quirúrgica, fue con lentitud separando uña por uña del resto de la mano del hombre. Él grita con dolor y angustia, suplicando por piedad, pero sólo lograba que Aníbal le plasmara una nueva cicatriz de golpe en su ahora morado rostro. Luego Adela acerca una de las antorchas y quema el pelo del hombre en un santiamén, dejándolo calvo y con varios rastros de profundas quemaduras que expelían un pastoso líquido.
Paralelamente, el tercer sacrificado tomó el machete que usó la mujer para suicidarse, el que posó en uno de sus brazos, rajando desde la muñeca hasta el codo con profundidad la piel, cayendo grandes cantidades de sangre al suelo. Luego se fue debilitando con lentitud hasta desmayarse por completo y chocar su cabeza contra parte de la tina del centro, dejando otro rastro de sangre en ella.
Aníbal toma la mandíbula del hombre, sujetándola con fuerza. Adela se acerca con un vaso lleno de bencina, la que deja caer al interior de la boca del sujeto. A pesar de las arcadas que hacía y la fuerza que ejercía, todo es en vano. Una fuerza en exceso de Aníbal disloca la mandíbula del sujeto, provocando un fuerte crujido y un gran grito posteriormente. Adela con gran velocidad lanza un fósforo al interior de la boca de éste, encendiéndole todo el interior del cuerpo acompañado de horribles quejidos de dolor. Con el rostro destruido y los labios carbonizados, Adela baja al tronco del hombre, enterrando la aguja con la que separó las uñas en el estómago una y otra vez, con insistencia. El dolor cada vez se hacía más imperceptible a aquel hombre, por lo que Aníbal, ayudado del machete, terminó de una vez por todas con su sufrimiento enterrándolo con rapidez en su corazón.
“El tiempo de resurrección en estos casos de pérdida de la flama se disminuye. Media hora, tan sólo media hora para que Satanás sienta que es lo suficientemente adorado como para poseer el cuerpo del impuro”
Int. Oficina de policía – 13:16 hrs.
Katherine Lobos navega en internet en su computador. Las pestañas de “Mozilla” son más de 20, todas con páginas sobre canibalismo y sociedades caníbales ocultas en varios foros. Usando la base de datos de la policía, logra averiguar varias sociedades protegidas por “el poder”, y justamente su poder al interior de la institución le permite entrar a ellas.
De improviso la conexión se pierde y la pantalla se va a negro. Asustada y enfurecida, da un golpe en el mesón y se da vuelta. Uno de sus jefes, el oficial Garrido la mira con una perversa sonrisa.
-Kathycita, así que querías pasarte de lista, ¿ah?
-No puedo creer que seas parte de esto, ¿tú sabes que pasa acá?
-No pasa nada, Kathycita –responde muy irónicamente el oficial-. Y no va a pasar nada si no sigues metiendo tus garras donde no te corresponde. ¿O acaso quieres terminar igual que tu compañerito?
Flashback. Ext. Laguna - Noche
En la orilla de la laguna, Ester bebe de una botella algo de cerveza. Con una precaria radio conectada a un alargador que llegaba a una cabaña a un costado de la arena, el resto del grupo, entre los que estaba Jonathan, bailaban al son de una animada salsa.
-¡Oye pásame otra cerveza, Jona! –dice Ester.
Jonathan le acerca una de las botellas, que estaban a los pies de la cabaña. En el interior se ve una sombra que pasa, de la que no se percata el joven.
Flashback. Int. Cabaña - noche
Ester entra, abrazada a otro hombre, al que besa con bastante desenfreno. De misma forma, Jonathan a medio recostar acaricia a una muchacha rubia, bastante ligera de ropa.
-Take off your clothes! -exclama la chica, desatando la parte superior de su bikini.
-Ok –responde Jonathan, desabotonando la camisa veraniega que lleva puesta.
-My sister is so horny! –dice el hombre que besa a Ester, riendo-. Why don’t we go to your bedroom?
-Yo soy horny también, my love –exclama Ester, llevando al dormitorio al muchacho.
Sin alcanzar a entrar a la habitación, se escuchan fuertes ruidos desde el exterior. De una de las puertas salen dos hombres encapuchados. Uno de ellos se quita la capucha, era Tatiana,
-¡Veo que la están pasando bien! –exclama ella-. Elimina a los que no sirven.
Ester, que apenas se mantenía en pie de lo emborrachada que estaba, intenta bloquear el paso al hombre que se acerca al muchacho que está con ella, pero éste la empuja al suelo y con facilidad la derriba.
-What are you gonna do?! Don’t kill me! -dice el hombre que besaba a Ester.
-Let my brother go!
El guardia saca una cuchilla de uno de sus bolsillos y la entierra en el tórax del muchacho. Ahogado, escupiendo sangre, se tambalea algo moribundo. Tatiana se encarga de la chica, a la que da un fuerte manotazo. Luego le toma uno de los brazos, y con una gran cuchilla le corta todo el antebrazo, dejando parte de la piel colgando y la sangre que salpica palpitante hacia todas partes.
Paralelamente, el guardia, todavía encapuchado, entierra la cuchilla en la zona de la tráquea, bajo el cuello, limitando totalmente la respiración del joven, que ahogándose con su propia sangre fue cambiando el color de su piel hasta ponerse totalmente morada.
Ester y Jonathan, totalmente borrachos, intentaban escapar por la puerta principal, pero estaba cerrada. Se asomaron por una de las ventanas, y en ellas un guardia les sonrió con una pistola en sus manos.
Tatiana pasó el cuchillo con velocidad en todo el rostro de la rubia turista norteamericana, cortando por la mitad sus mejillas y nariz, junto a un trazo sanguinolento que se derramó por toda la cabaña. Finalmente una estocada en su corazón acabó con su existencia. En ese momento su hermano ya yacía muerto, en el suelo.
-Ustedes deben algo –dice Tatiana-. Y estos son mis métodos de pago. ¿Vamos?
Int. Pasillo, segundo piso – 13:18 hrs.
Karina y su hija caminan sigilosas por el pasillo del segundo piso. Sin saber bien donde ir, van observando los títulos de cada una de las puertas, algunas tenían algunos letreros con números, otra, como la puerta verde por la que pasan ahora, tenían nombres como “Maritza Jofré” o “Juan Carlos Palma”. Elena estaba algo más compuesta, todavía tambaleaba pero ya tenía los pies sobre la tierra.
Int. Oficina de Dios – 13:18 hrs.
Bastante calmado Genaro da vueltas en la oficina de Dios. No había nada diferente a una ordinaria oficina de un hombre promedio: un notebook, teléfonos por doquier, algunas fotografías, diplomas, sólo que en el fondo había una cruz invertida colgada. Del escritorio el hombre toma una de las fotografías, donde aparece él abrazado a una muchacha bastante jovial y atractiva. “Putas, todo por dinero”, piensa para sí mismo.
La quietud de lugar es interrumpida con la vibración del teléfono móvil de Genaro, el que saca del bolsillo y lee.
”Apúrate, falló la ceremonia y a eso de las una y media termina… Aníbal”
-Mierda –exclama.
Se abalanza sobre el escritorio de Dios, intenta abrir las cajoneras pero están todas cerradas. Abre el notebook, pero éste pide una clave. En la silla, en la zona donde se apoyan los brazos, lanza con un pequeño gotario un líquido verdoso que se impregna en el plástico. De la misma forma lo hace sobre las teclas de la computadora, con gran paciencia y habilidad.
Finalmente, sacando antes una mascarilla, esparce un polvo dentro del mismo notebook, el que luego cierra.
Int. Pasillo segundo piso – 13:24 hrs.
Genaro sale de la habitación de Dios, cierra la puerta sin seguro. Justo en el lugar Elena y Karina miraban sorprendidas, para su suerte Genaro se desvió hacia el otro lado y no puso su vista sobre ellas. Con velocidad las dos mujeres se precipitaron a esa habitación. Elena puso su oído sobre la puerta, no había ruido.
-Creo que no hay nadie –dice.
Int. Pasillo segundo piso – 13:25 hrs.
Estefanía llega a una ventana de vidrio, por la que tiene visual a todo el patio. Logra observar una salida y un camión que viene entrando. Sin pensarlo mucho, abre la ventana y se asuma, percatándose que abajo un arbusto podría amortiguar la caída. Escruta para observar la vista de los guardias, pero éstos estaban preocupados del camión.
Ext. Patio de Abaste – 13:26 hrs.
Estefanía sale de entre los matorrales y se esconde tras una roca. Ve como una serie de humanoides desnudos van saliendo en fila y son amontonados dentro del container del camión. Sin pensarlo dos veces, se despoja de su ropa, regresa al arbusto y la esconde entre las ramas. Luego lanza una piedra contra una de las ventanas del recinto, la que explota entre varios trozos pequeños que hacen un gran estruendo. Los guardias se dirigen hacia ese lugar mientras Estefanía, tras la roca nuevamente, espera a que estén en el lugar.
-¿Qué pasó? –dice uno de ellos, caminando.
-Quizás fue algún animal, gato, perro, algo así –responde otro, bajando la importancia a la situación.
Cuando están cerca de la ventana, Estefanía se precipita con velocidad hacia el camión. Uno de los guardias todavía está en el lugar dirigiendo al grupo. Al ver a Estefanía, con un garfio metálico la dirige a la fila, ella sólo se deja llevar. Sigue al grupo hasta estar dentro del container.
Las puertas se cierran y el camión sale de Abaste, rumbo a la gran ciudad.
Int. Templo de Dios – 13:27 hrs.
La flama del último cuerpo que se combustiona comienza a apagarse. Desde lo alto, Dios miraba indignado y molesto la situación. Fueron meses preparando esa ceremonia, alimentando a base de sangre y carne humana a Ester y Jonathan (aunque ellos nunca se enteraron), captando seguidores y lavándoles el cerebro para tener a quienes sacrificar.
-¡Terminen todo! –grita enfurecido Dios desde lo alto-. ¡Apaguen todo! ¡Fue un puto fracaso! ¡No sirvió de nada!
El brazo de Ester se mueve. Cierra el puño, de su boca sale humo y sus ojos se tornan rojos. Todos los fieles se hacen hacia atrás, sorprendidos o asustados. Adela, que está junto a la puerta, prefiere abandonar la habitación a vista y paciencia de Dios, que hizo una señal de negación con su cabeza.
Ester sonríe, con los ojos muy abiertos, todavía recostada, entre la sangre que cubre la bañera. Mueve con lentitud sus brazos, intentando ponerse de pie. A medio levantar, pierde algo de fuerza, las llamas se tornan más poderosas y Dios observa al borde del llanto la escena.
-El fin… se aproxima –dice Ester, con una voz que no le pertenece. Luego se desploma en el suelo, con un ruido seco y potente y sangre que salpica a todos los presentes.
Aníbal no puede ocultar el pavor que siente. Ni en su peor pesadilla pensó siquiera ver algo así.
Int. Oficina de Dios – 13:27 hrs.
Karina descuelga uno de los teléfonos que hay y disca un número. Elena se distrae viendo la fotografía de Dios y la otra muchacha.
-Mira mamá, ¡la media mujer con la que sale ese degenerado!
-De veras –dice Karina, acercándose a la fotografía-. ¡Aló! ¡Policía!
-Diga –dicen desde la otra línea.
-Por fin me puedo comunicar. Mire soy Karina Jeria, no sé si estarán informados de una desaparición, pero con mi familia fuimos capturados, y mire… ¡necesitamos que nos saquen de aquí!
-No tengo información de ninguna Karina Jeria, ¿está segura? Por favor no haga bromas de mal gusto.
Karina corta el teléfono enfurecida. Suena un teléfono celular que está dentro de una chaqueta, Elena lo contesta, pero no dice palabra alguna.
-¡Luciano, llamaron las de la familia fantasma! ¡Escaparon! Cumplo con avistar, ¿ok? –la voz era del mismo policía-. ¿Estás ahí?
Elena corta el teléfono.
-Llamaron avisando que habíamos escapado… justamente al hombre que tú llamaste –dice Elena.
-Mierda.
Karina descuelga el teléfono y disca otro número.
-Contesta Mireya por favor…
-¿Aló? –dice una voz de mujer.
-¡Mireya, soy Karina!
-¡Karina, estás viva! –exclama emocionada.
-¡Llama a los medios de comunicación, algo así! ¡Estamos en un lugar que practican el canibalismo! ¡Que rastreen mi llamada, prometo dejar descolgado el teléfono! ¡Vengan! ¡Estamos en peligro!
Int. Pasillo subterráneo – 13:29 hrs.
Adela camina algo impresionada todavía por el pasillo. Sin saber donde iba o que hacer, dobla en una de las bifurcaciones del pequeño laberinto bajo tierra que tienen construido.
Al doblar en una esquina se encuentra de frente con Carol.
-¡Perra de mierda! –grita Adela enfurecida.
Carol la intimida con el bisturí y la pone contra la pared.
-Me vas a tener que explicar muy bien a que mierda se dedican, si no quieres que te saque la lengua por tu ombligo.

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